lunes, 11 de abril de 2011

El premio de las 7 anécdotas


Ya sabéis que se me dan fatal las introducciones, en seguida me voy por los cerros de Úbeda y me pierdo. Así que como el título es bastante descriptivo, me voy a limitar a decir que la Doctora Anchoa me ha pasado el testigo y empiezo:

1- Me da grima morder tela. Deshacer un nudo con los dientes es algo inconcebible para mí. Cuando hay algún cordón demasiado apretado, la solución siempre es cortar. De pensarlo tengo los pelos de punta...

2- ODIO que me toquen las rodillas. Si alguien se atreve a rozarlas, por suave o cariñoso que sea el acercamiento intencionado o no, mi reacción es violenta y desmedida. Puede morir.

3- Me encantan los rasgos femeninos y sensuales, pero soy demasiado vaga para dedicarme tiempo a serlo. Tengo una colección enorme de ropa, zapatos, maquillaje y bisutería en varios armarios y siempre acabo poniéndome los mismos vaqueros y las deportivas cochambrosas, con el pelo recogido en una coleta y la cara lavada.

4- Saqué todos mis estudios haciendo chuletas. Luego no las utilizaba, pero me daban una seguridad para afrontar el examen que era imprescindible. Qué se le va a hacer.

5- En realidad, no soy tan desastrosa como me vendo. Tengo una vida completamente normal y corrientucha. Mi forma de pensar y ver el mundo no se aleja de la de cualquiera de vosotros (o eso creo), pero me aterroriza el hecho de no sentirme especial.

6- Cuando me comparo con la gente de mi entorno, me siento tremendamente extraña. Las mujeres de mi edad, sexo, raza y estatus socioeconómico que teóricamente deberían ser mis semejantes, no podrían resultarme más diferentes. Y esto no me hace sentir especial, sino fuera de lugar y sola. Y eso también me aterroriza.

7- Vistos los dos últimos puntos... quizá en el fondo sí sea algo paranoica.


Aquí está mi pedazo de premio, que he confeccionado con mi gradiosa habilidad del Paint.



Y ahora toca lanzar mis nominaciones. No lo toméis como algo personal, nominaré en riguroso orden de comentario: José Antonio (aunque no te guste), Patitiesa, Malena, Aquella Chica, Arena, El chico de la Consuelo y Ene.

jueves, 7 de abril de 2011

De cómo llegué a ser una mujer trabajadora (de nuevo)

Era agosto de 2010, un día de esos en que hace tanto calor que si sacas la sartén por la ventana puedes hacerte una tortilla.

Mi familia estaba en la casita de la playa, tomando el sol y haciendo barbacoas al aire libre en plan tribu de los Brady. Todo ese aire bucólico a mí me hastiaba después de mis desventuras amorosas y yo había optado por pasar el verano haciendo mi propia versión lastimera de Eva María, quedándome en la ciudad donde pudiera tener internet bien cerca para fustigarme con imágenes del susodicho saliendo de fiesta y cortejando nuevas víctimas. Después de las fases de espera ilusionada-victimismo-depresión-convalecencia y unas cuantas semanas de castigo, llegó la fase de promiscuidad despiporre y alcoholismo previos al contacto definitivo con la realidad. De esta etapa no estoy especialmente orgullosa, pero tampoco me avergüenzo porque ha sido imprescindible para volverme a colocar los pies en el suelo, el corazón en el pecho y la cabeza sobre los hombros. Y porque entonces apareció él, dando un vuelco a mi vida y llenando de ilusión los rincones de desesperanza. A lo que iba, que es la historia de cómo volví al mundo laboral: Con la repentina confianza que otorga amanecer unos cuantos días junto a alguien, Pasteloso se tomó la libertad de registrar las despensas de mi casa y tras confirmar que no podía seguir sobreviviendo a base de galletas y espaguetis durante toda la ausencia estival de mis padres, me obligó a bajar al súper para reponer víveres. Era urgente hacer la compra y yo lo sabía, pero salir a la calle en pleno agosto significa exponerte a una muerte agónica por combustión espontánea. Sientes el sol asarte los pulmones al vapor cada vez que inspiras. Mi razonamiento incuestionable era que mejor morir de hambre que a la papillotte. Pasteloso me sacó de casa cogida de la oreja y con una lista de la compra nos fuimos al Mercadona más cercano. Estando en la cola de la caja, sonó mi móvil:


- Hola, ¿es ud. la señorita Paranoica?


- Sí, soy yo.


- La llamo del Valle de los Reyes, tenemos aquí su currículum y estamos interesados en hacerle una entrevista de trabajo mañana por la mañana.


En ese momento entré en shock confusional. En menos de dos meses había hecho cuatro entrevistas de trabajo para tres empresas diferentes (una clínica de fertilidad, un centro de estética y una cadena de geriátricos) y yo no había echado candidatura para ninguna de ellas. No entendía el repentino interés del mundo laboral hacia mi persona ahora que yo pasaba de incorporarme a él. Obviamente como no me interesaba lo más mínimo no encajaba en el perfil , no me cogieron para ninguno de los puestos ofertados... ¿El Valle de los Reyes? ¿otra vez? Ya hice una entrevista para esas residencias hace apenas un mes y ¿ahora me vuelven a llamar? ¿qué quieren? Me quedé mirando a Pasteloso con cara de estar más perdida que un pulpo en un garaje.


- Es de una residencia de viejos, para una entrevista de trabajo mañana.


- ¿Tienes algo que hacer?


- No.


- ¿Entonces?


- No quiero trabajar allí, odio comerme marrones y pagan una mierda. Es verano y me llamarán pronto de la pública.


- No seas tonta, haz la entrevista y si te llaman de otro sitio siempre estás a tiempo de rechazar.


- ...


Caprichos del destino, la noche anterior habíamos estado hablando de que la convivencia con su anterior pareja había fracasado porque ella estaba estudiando y se negaba a trabajar dentro y fuera de casa. Así que en un alarde de madurez, acepté aquella entrevista para un puesto de trabajo que no me motivaba en absoluto para impresionar a un hombre.


Respecto al trabajo, no me equivoqué y es una mierda, pero al menos tengo un sueldo al final de mes y teniendo en cuenta cómo están las cosas ya puedo darme con un canto en los dientes. De las maravillas del Valle de los Reyes ya os hablaré otro día.


Como conclusión final, es curioso que de lo jodida que puede llegar a quedarse una al verse de un plumazo sin casa, sin trabajo y sin novio, lo más notorio sea esto último. Estar en el paro y volver a parasitar la casa de mis padres cual nini me traía sin cuidado, pero no tener pareja me atormentaba de una forma que ahora mismo no soy capaz de explicar. Más tarde descubriría que a mi bruja ese orden de preferencias se la traía al pairo.


Para resolver el misterio de las entrevistas fantasma, debo confesar que estaba tan obsesionada y deprimida en mi falsa soledad que no me di cuenta de cómo mi familia estaba luchando por ayudarme a resolver mi situación. Mi bruja había decidido coger las riendas y pasaba mis meses de autocompasión bombardeando a todas las empresas del país con mi curriculum. Y claro, de alguna me tenían que llamar.


Dadle a una madre un país en crisis y sentaos a observar.


martes, 8 de marzo de 2011

De cómo hoy llegó a ser mi Día Internacional (también)


¡Feliz día de la mujer trabajadora!

Yo, para dar buen ejemplo, lo he celebrado con un ritual que estoy segura de que muchas habréis seguido conmigo:
Suena el despertador. Después de apagarlo unas cuantas veces, me animo y me decido a salir de la cama.

Abro la habitación de mi pequeñuela, que ya hace un par de horas que golpetea la puerta desesperada, le pongo comida y le doy un par de achuchoncetes de buenos días.

Ventilo la habitación, cambio las sábanas y, con permiso de Nieve, hago la cama.

Pongo una lavadora de color (en esto he mejorado, lo prometo) con las sábanas que he quitado (porque lavarlas puestas es realmente difícil) y la ropa sucia que voy identificando por la casa. ¿Cómo se identifica la ropa sucia? Yo tengo una diferenciación clara: si está en el suelo es porque está sucia, pero Pasteloso es un maniático del orden y, como tal, no soporta ver nada por el suelo; por tanto he tenido que desarrollar mi sentido del olfato para distinguir entre la ropa colgada del perchero que él considera semi-sucia (es decir, usada pero que puede volver a ponerse antes de ser lavada) y la realmente sucia. Lavar la ropa limpia sería una gilipollez, además de una pérdida de tiempo y recursos que no podemos asumir con nuestros humildes sueldos. Pero imaginad que suelto un discurso ecologista y que lo hago por el agua y el bien del planeta, que en realidad me chorrea la pasta y molo mazo.

Mientras la lavadora hace su trabajo, recojo los platos que están en remojo en la mini-pila que venía con el piso del pasillo infinito (¿por qué las hacen así, para asegurarse de que pongas bidé en los cuartos de baño? ¡si no caben ni los platos de postre!) para jugar al tetris y meterlos en el lavavajillas. Le damos su pastillita de limón, cerramos, On, Play. Puesto.
Dejo a las dos maravillas de la tecnología haciendo lo suyo y me disponto a cosas menos mecánicas: quitar el polvo, barrer, pasar la mopa y la fregona. Teniendo en cuenta mi rinitis, quitar el polvo es una auténtica aventura y me lo paso pipa entre estornudo y estornudo. Es casi tan diver como cuando me depilo las cejas.

Respecto a la limpieza del porcelánico, al principio pasaba los tres tenores al suelo de toda la casa -escoba, mopa y fregona-. Como ya he comentado, el piso tiene un pasillo infinito y esto me llevaba mucho tiempo. Ahora he aprendido que según la zona de la casa, los acúmulos de mierda tienden a ser sólidos, pelosos, líquidos o mixtos, y según el tipo de residuo utilizo uno u otro instrumento de limpieza. Esto me ha ahorrado una cantidad considerable de tiempo y aunque pueda parecer una guarrada, si tenemos en cuenta que solamente vivimos dos personas en casa y pasamos la mayor parte del tiempo fuera, es limpiar sobre limpio. Hay que economizar.

Para cuando termino de borrar las huellas de gato del suelo, la lavadora y el lavavajillas han acabado sus respectivos programas. Suena el teléfono, Pasteloso anuncia que no viene a comer. Guardo el preparado de fideuà que me había pedido de menú el señor para otro día.

Abro el lavavajillas con cuidado, para evitar que el vapor caliente abrase mis córneas. Cuando llevaba gafas se me empañaban y era gracioso, pero que se te chamusquen las pestañas deja de ser cómico y pasa a ser doloroso. Saco las dos bandejas y dejo que los platos se aireen un poco para no derretir mi dermis con la porcelana ardiendo. Hay veces que me pregunto si mi querida suegra en lugar de un lavavajillas compró un autoclave.

Mientras la vajilla se atempera, cojo el barreño, vacío la ropa de la lavadora y me dirijo a la terraza, en cuya puerta Nieve me espera ansiosa para juegar a ladrarle a los pajaritos mientras tiendo la ropa.

Suena la alarma del móvil, que se pone a vibrar como un loco en mi bolsillo entre unas cuantas pinzas de tender. Son las 14:00 h. Mierda, ya me estoy perdiendo la masletà y como no me dé prisa voy a llegar tarde a trabajar...

Guardo la vajilla limpia mientras recaliento unos macarrones sobrados que me esperan en el frigorífico desde ayer. Como en 7 minutos. Ya con las llaves en la mano, vuelvo a la cocina para sacar del congelador la cena de esta noche.

Salgo de casa y me dirijo hacia donde aparqué ayer el coche y descubro que tengo una rueda deshinchada ¿se habrá pinchado? da igual, tengo que llegar al trabajo sí o sí.

Llego a la empresa a las 14:45 h.

Cumplo con mi jornada laboral, un día más.

Estoy de vuelta en casa a las 22:30 h.

Pasteloso está malito y ha decidido que el mejor tratamiento para su lumbalgia es quedarse catatónico en el sofá viendo el Barça con dos cervezas. Se niega a tomar ningún medicamento soltándome la historia de cuando su padre tuvo el intestino perforado como un colador por culpa de no sé qué pastillas y blablabla y por supuesto no puedo dejarle solo porque me pone ojitos de cordero degollado y yo no lo puedo soportar.

Parece que soy enfermera a tiempo completo, pero a este paciente no puedo darle órdenes porque me hace chantaje emocional y le funciona de una forma cojonuda. Manda narices.

Tengo hambre...

La carne de la cena sigue descongelándose donde la dejé.

domingo, 6 de marzo de 2011

Recorrido en el tiempo


Estoy en un rato de esos que la gente que sabe hablar de forma molona llama "ocio laboral" (de esto podéis deducir varias cosas: tengo trabajo, lo cual no está nada mal dados los tiempos que corren, y tengo acceso a internet en el trabajo, cosa que tampoco está nada mal). Me apetece escribir y alimentar un poco mi desnutrido blog, pero dado que estoy más concentrada en mirar el minutero del reloj esperando que sea la hora de salida que en otra cosa, no creo que sea el momento de ofreceros un interesante episodio de Cómo conocí a vuestro padre, así que me he puesto a cotillear blogs ajenos y he visto que está de moda un meme (al menos aquí y aquí), que puede que no lo sea, pero que es interesante porque invita a la reflexión.

Ya me estoy poniendo profunda. Mejor voy directa al asunto en sí, que lo de las introducciones no se me da muy bien...

Hace un año: Soy incapaz de recordar lo que hice hace exactamente un año, pero por estas fechas son Fallas, época de despiporre en Valencia y yo acababa de quedarme soltera, sin piso, en paro, deprimida y descarriada. He buscado entre las letras de este blog, que en aquél entonces no era más que unos cuantos pensamientos desordenados en hojas de papel (vamos, igualito que ahora pero en versión analógica) y, casualidades de la vida, hoy hace exactamente un año que conocí al PPN. Fiesta. Empezamos el post con una alegría.

Hace cinco años: Si estamos en 2011 y mis mujer-cálculos no fallan, hace cinco años era 2006. Yo acababa de empezar la universidad y tenía la cabeza hecha un lío, agobiada entre clases, prácticas, tutorías y planes de futuro. Tenía mi pasado muy presente, mi madre agobiando en cada paso con un síndrome del nido vacío como una catedral, absolutamente incapaz de asumir que yo me estaba haciendo mayor. Por despegarme de ella tomé un montón de decisiones erráticamente, tratando de afrontar mi vida adulta de sopetón, a lo Chuck Norris. Casi tan hecha un lío como ahora. O peor, como hace unos meses.

Hace diez años: Eso significa que era 2001, cuando yo todavía no tenía internet en casa (ni sabía lo que era), allá por el pleistoceno más o menos. Era una pre-adolescente responsable, sociable, tranquila, una estudiante sobresaliente, deportista, virgen... el sueño de todas las familias con hijos púberes. Claro, que las niñas de 13 años de hoy en día no son lo que eran.

Dentro de un año: Marzo de 2012. Estaré llamando a casi 300 amigos y familiares para organizar un gran evento que todavía tengo que anunciaros de modo formal, porque os lo merecéis.

Dentro de cinco años: En 2016. Tendré 28 años y Pasteloso quiere fecundarme antes de los 30. No digo más, que me asusto. Cómo suena eso de fecundarme, me recuerda a una canción de Sergio Dalma que ponen en mi trabajo que dice algo así como "yo te sembraré y tú germinarás", escalofriante, hoygan.

Dentro de diez años: En 2021, en un universo paralelo... Me suena a introducción de peli de ciencia ficción. Pongamos que todo va bien, que por una vez todo sale fantastibulosamente y España sale de la crisis, Pasteloso funda una empresa que chorrea billetes gordos de euro por todos los lados (a ser posible relacionada con las ciencias de la salud, para poder trabajar en ella y no sentirme una mujer florero), hemos vendido la casa del pasillo eterno y tenemos un adosado pa' cagarse, con jardín y todo. Tendremos una Pequeña Paranoica correteando por el jardín...

En fin, voy a dejar de delirar y a ver si les reparto las pastillas a quien se las tiene que tomar, que creo que los vapores me están empezando a afectar las neuronas.

Edito para subir la imagen y corregir algunas frases que me habían quedado incoherentes. Me voy a la ducha.

jueves, 3 de marzo de 2011

Desamores 2.0 (o por qué un blog)


Bueno, dispuesta a contar cómo un día desaparecí del mundo blog, mi cabeza me ha remontado hasta el origen de todo: el día que Pasteloso apareció en mi vida.

Así que niños, voy a contaros cómo conocí a vuestro padre. Y si habéis entendido el guiño, sabréis que voy a extenderme.

Tras los desengaños que ya me he deleitado en contaros con las historias de autoflagelación del PPN (y otras con otros fulanos que no os he contado, porque a pesar de la gran capacidad de reírme de mí misma todavía conservo algo de dignidad) podréis comprender que yo andaba algo escaldada en mis experiencias con los hombres. Una vez pasada la fase depresiva, durante la cual te escondes debajo del edredón a llorar lagrimones del tamaño de tu puño -que ya quisieran muchas abuelas del mundo poderlos colgar de sus lámparas de araña-, tus horizontes se amplían ligeramente a las cuatro paredes de tu habitación y si, como yo, dispones de un portátil, la siguiente fase pasa por la búsqueda de semejantes.

Te sientes tan sumamente desgraciada y miserable que buscas hasta en internet no ser la única persona del mundo a la que han jodido de esa forma. Y obviamente pronto encuentras trillones de almas cándidas que han pasado por tus mismas circunstancias y que han sido humilladas de la misma forma, encandiladas con las mismas mentiras y cegadas por esos falsos príncipes azules que les prometían todo y más. Parece mentira que el amor y el sexo nos hagan generar tanta basura mental, cuando debería ser algo natural y agradable en todos los sentidos.

Pero tú sigues con tus fases del desamor, que es lo importante: te encierras en tu habitación, mientras comes helado en cubo tamaño industrial con el portátil sobre los muslos y de repente un día te animas y decides abrir tu propio blog donde compartir tus desgracias con otros corazones rotos. Vas desahogando tus penas, poniendo verde al sátiro de turno o contando tus desventuras hasta que descubres que maldecir a ese desgraciado no interesa a nadie (en el fondo, ni a ti) y que las pequeñas cosas de cada día son mucho más interesantes y mejor acogidas por tu pequeño público, que comenta tus chorradas, las aplaude y llega un día que incluso las espera, pide más.

Y te sientes, en cierto modo, admirada.
Y eso te hace sentir importante.
En el fondo de tu corazón se enciende una lucecita que te recuerda que sirves, que vales y que a pesar de que unos cuantos sinnombre te hayan ninguneado eres importante.
Que para esas diez personas que se interesan, leen y comentan aquello que escribes, aunque no sea vital, eres en cierto modo importante.

Y eso, aunque pueda parecer una chiquillada, en ese momento de tu vida es lo que más necesitas. Y eso, señores, es bueno. Muy bueno.

Muchísimas gracias a todos por el simple hecho de estar aquí.

Qué profundo me ha quedado... voy a llorar y todo joo...

miércoles, 2 de marzo de 2011

Sigo viva


He vuelto!

Gracias por los aplausos, yo también os echaba de menos, snif...

Vale, a ver, esos dos del fondo que están enfurruñados porque se empezaban a hacer ilusiones de que no volvería se pueden marchar ya, que internet es grande y hay muchos sitios donde perderse gratis como para venir a alegrarse de las desgracias de una.

Suponiendo que soy importante y alguien se haya dado cuenta de que no estaba, alguno se habrá preguntado el por qué de mi ausencia. Pues bien, como me dispongo a contar en las próximas entradas póstumas (por la fecha, ya caducaditas), he estado algo atareada y no he tenido momentos ociosos acompañados de inspiración suficiente para postear con dignidad. Ojo, que sí os he leído, pero lo de escribir ya es más complicado.

Y no es precisamente porque no me hayan sucedido cosas anecdóticas, pero no encuentro forma de redactarlo suficientemente amena como para que quede interesante o digno de ser leído. Es como con los chistes, hay quien tiene gracia para contarlos y hay persona que ya puedes darle el mejor chiste del mundo que nada, no hace reír ni al cuñao.

La verdad, me da mucha pena ver el blog tan abandonaíco, pero ya he vuelto y espero quedarme...

viernes, 19 de noviembre de 2010

En cuarentena


Hoy iba a escribir una nueva entrada en mi blog hablando del famoso Keyword activity, un tema jugoso y socorrido por los blogueros cuando no nos inspiran las musas.

La putada es que mi querido laptop me ha sorprendido con ´´esto.

Me salen todas las tildes dobles.

Tras una b´´usqueda en internet, he descubierto que tengo un virus. Al parecer, se llama W32/Bugbear.B y es as´´i de majo.

No s´´e de d´´onde ha salido, pero a pesar de ser inofensivo es ciertamente molesto. Voy a hacer un barrido con mi ej´´ercito de antivirus. Lo que s´´i s´´e es que me niego a castigaros con semejante tortura ortogr´´afica, as´´i que me ausentar´´e durante unos d´´ias.

Joder qu´´e asco.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Vida laboral e indignación




Terminé la carrera hace ya casi tres años. Tengo un currículum más bien nutrido* y toda la experiencia laboral que se me ha permitido acumular desde los 18 años. He trabajado en Telepizza, en una sala de fiestas, en un restaurante, en campamentos, dando clases de natación, haciendo revisiones podológicas, impartiendo educación para la salud y finalmente como enfermera.


Cuando terminé la carrera y título en mano, me puse a echar currículums como una loca porque tenía unas ganas inmensas de trabajar de lo que había estudiado. Tardaron dos meses en llamarme, cosa que teniendo en cuenta que carecía de experiencia me parece lo más normal del mundo. Era de una cadena de centros geriátricos, en la que estuve trabajando nueve meses durante los que vi cometer tantas atrocidades contra los pobres abuelitos que perdí la fe en los buenos profesionales. Hacía turno rodado, por el cual trabajé indistintamente mañanas, tardes, noches, fines de semana y festivos. Sobre las condiciones laborales, era una sola enfermera para 70 ancianos, ¿hace falta decir más?

Por suerte, un buen día al llegar a casa después de vacaciones mi padre me entregó una carta certificada en la que decía que no hacía falta que volviese al trabajo. Obviamente no volví, pero a los pocos días la amable secretaria de recursos humanos de la empresa me llamó para recordarme que debía devolver el uniforme. Todo un detalle.

Después de eso, comencé a trabajar en otra residencia de ancianos para la que me había entrevistado mientras trabajaba en la primera ya que no me encontraba a gusto en absoluto y cada día que pasaba tenía más claro que si no podía cambiar de empleo, al menos cambiaría de empresa. Esta en concreto era una fundación perteneciente al Opus Dei. Aunque no comulgo con la religión católica, aquí al menos trataban a los abuelitos como seres humanos. Además éramos dos enfermeras por turno, teníamos sólo 50 ancianitos y trabajaba fija en turno de tarde, con lo cual podía planificar mi vida social y las tareas del hogar para la mañana.

Tres meses después, una mañana de agosto me llamaron de la Conselleria de Sanidad para ofertarme una baja de 20 días en un centro de salud, por fin. Empezaba al día siguiente. Aunque me pilló totalmente a contrapelo, acepté el puesto. Al fin y al cabo no era la primera persona con dos empleos y sólo iban a ser veinte días.
La baja del centro de salud se alargó y estuve compaginando el trabajo en la sanidad pública con el trabajo en la resi de ancianos durante dos meses en los que tuve que hacer mil peripecias para cuadrar los horarios y llegar a tiempo a ambos puestos. Me estaba volviendo loca (curraba 14 horas diarias) hasta que comenzaron a ponerme problemas para cambiar turnos, con lo que ya no podía cuadrar los horarios para cumplir en ambos sitios. Me presionaron tanto que me vi obligada a elegir entre un trabajo desagradable de bajo sueldo pero estable en la residencia o un trabajo que me gustaba y bien remunerado pero de duración incierta en el centro de salud.

Mis compañeras del centro de salud me advirtieron que la enfermera cuya baja estaba cubriendo es una currante nata, de las que empalman una baja con otra hasta agotar los permisos. Sabiendo eso y como no tenía gastos ni deudas que cubrir, opté por seguir solamente en el centro de salud. Por suerte para mí, la baja se alargó de los 20 días previstos hasta 9 meses**, que curiosamente es el máximo periodo que se acepta por accidente laboral.

Cuando terminé la baja, había acumulado 9 meses de experiencia en la sanidad pública. Quedé parada en Marzo y estuve cobrando por mi desempleo hasta Junio. En ese lapso, una amiga de mi familia me dijo que tiene un contacto en un hospital nuevo a 150 km de mi casa y me ofreció un puesto de trabajo allí a través de esta persona. La oferta me interesaba porque es un hospital público, aunque de gestión privada. Me enviaron un mail con la solicitud de incorporación, acudí a la entrevista y esperé a que me llamaran. De hecho, sigo esperando la llamada y han pasado más de seis meses. He desistido.

Actualmente tengo un trabajo de media jornada en otro geriátrico, por el cual cobro obviamente la mitad del sueldo establecido por convenio para mi puesto, pero solamente trabajo tres días a la semana***. Tal como están las cosas, me veo obligada a dar gracias porque al menos no estoy en paro y porque mi medio sueldo es casi lo que gana un españolito normal en un mes. Aclaremos que no me quejo por vicio, no soy millonaria ni mucho menos, pero es que el sueldo habitual en españa es de risa. Mi salario al menos puedo calificarlo de digno.

Pero aún así, no me siento en absoluto satisfecha con mi empleo. Me parece razonable que a los jóvenes, por tener menos experiencia, nos discriminen para ciertos puestos y todos acabemos pringando en geriátricos, donde el trabajo no es nada agradable y el sueldo la mitad que en hospitales o centros de salud. Lo que no me parece razonable es que los fósiles del sistema sanitario estén ahí de forma perenne, la mayoría sin haber recibido ningún tipo de reciclaje útil y haciendo desaprender con su mal ejemplo**** a los pocos jóvenes que consiguen trabajar, ya que los argumentos "porque así se ha hecho toda la vida" y "porque le va bien" son irrebatibles desde el punto de vista científico.

Esa situación me indigna, porque algunos hemos invertido en nuestra formación* unas cifras considerables con la esperanza de poder optar a un trabajo mejor sin que necesariamente hayan de pasar años y años de trabajos ambulantes. Este berrinche es por la forma que el sistema tiene de tratar a la gente joven como yo, con ganas de trabajar y sin poder hacerlo.


Os preguntaréis ¿todo este rollo para qué nos lo cuentas?

Sinceramente, yo tampoco lo sé. Bueno sí, con la esperanza de que algún jefazo sienta lástima o compasión de mí y mande un mail pidiéndome que me incorpore a otro puesto de trabajo. O aún mejor, que se enamoren de mi currículum y decidan contratarme por mis aptitudes. O aún mejor, que decidan otorgarme un sueldo mensual vitalicio sólo porque les caigo bien. De ilusiones también se vive ¿no?


*Como dato destacable, tengo tres másters que me han costado un ojo de la cara, manejo 4 idiomas y he hecho una infinidad de cursos y prácticas.
**La señora supuestamente había sufrido una caída que había agravado una lesión anterior en el brazo, por la que tuvo que ser operada y rehabilitada. En ese periodo de tiempo la vimos cargada de bolsas una tarde de compras. Como dato completamente ajeno a esto, acababa de tener un nieto.
*** Tengo la fortuna de pringar generalmente sábado, domingo y viernes o lunes.
****Durante mis meses en el centro de salud, vi utilizar como antiséptico ácido bórico. El uso de dicha sustancia está prohibido varias veces en el BOE, por ser altamente tóxico. La primera prohibición es del año 1964.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Cuatro

1ª Indicar quién te nomino:
Como bien indica la etiqueta, lo he robado del blog No estoy... me perdí aquí

2º Nominar a otros cuatro blogueros/as para realizar el test:
a) Doctora Anchoa
b) Ene
c) Luna
d) Elena Lechuga

Otros comentaristas habituales como Caótica, Pecado y José Antonio sois libres de coger prestado lo que queráis sin necesidad de nominación. Para eso estamos en familia.

3º Avisar a esas personas de que están nominadas.
Ya lo leerán... ¡no vale hacerse el despistado!

4º Hacer el test:

- Cuatro (tipos de) cosas que llevo en el bolso:
1. Cosas esenciales: Llaves, cartera, móvil.
2. Cosas que llevo cuando no necesito y necesito cuando no llevo: Chicles de menta, crema de cacao o
gloss, tampax, toallitas húmedas, salvaslip...
3. Cosas que se acumulan involuntariamente: Tickets de compra, pañuelos usados...
4. Extras: Zapatos planos cuando voy de fiesta, una chaquetilla, Ralph...
- Cuatro cosas favoritas de mi habitación:
1. La cama.
2. El espejo del armario, que es de cuerpo entero.
3. El portátil.
4. La puerta. Sin ella no sería propiamente una habitación.
- Cuatro cosas que me gustan ahora mismo:
1. Pasteloso
2. Nieve
3. Bloguear
4. El chocolate
- Cuatro cosas que siempre he querido hacer:
1. Viajar a Egipto y a Grecia.
2. Entrar en el H&M y decir que me llevo uno de cada.
3. Ser capaz de mantenerme firme en mis decisiones (adelgazar, estudiar en serio...)
4. Poder decir con toda convicción que soy feliz y he tenido éxito en la vida.
- Cuatro cosas que no sabías de mí:
1. No tengo memoria, para recordar cualquier cosa dependo de las alarmas del móvil.
2. Sé que soy perfectamente normal, pero me repatea.
3. Duermo con la camiseta del pijama por dentro del pantalón, y con las perneras de éste por dentro de los calcetines. La viva imagen de la sensualidad, lo sé.
4. Después de comer se me pone la carne de gallina, aunque estemos a 40ºC.

- Cuatro canciones que no me puedo quitar de la cabeza:
1. Love the way you lie, de Eminem y Rihanna. Simplemente genial.
2.
The reason, de Hoobastank. No sé de nadie a quien no le guste.
3.
Me enamoré, de Georgina. Da buen rollito oírla.
4. La sintonía de
L'alquería Blanca. No la escuchéis, repito, NO la escuchéis porque es odiosa y no os la podréis quitar de la cabeza.


Pondría muchas más...



En fin, espero que os haya gustado el meme.
Hoy no se me ocurría nada interesante...

martes, 9 de noviembre de 2010

Cosas que no sé decirte a la cara


Te quiero, ojazos.

Eres el mejor regalo que me ha dado la vida y no pienso perderte por nada del mundo.


Tengo muchísimas ganas de vivir contigo, pero de verdad.

Quiero despertarme a tu lado y no hacer las maletas. Siento que mi hogar está junto a ti y hay algo en mi interior que me grita a pleno pulmón que no me estoy equivocando al apostar por lo nuestro, aunque sólo llevemos 4 meses "de mierda". Sé que es un tópico, pero es como si te conociera de siempre y llevase toda la vida esperando a que aparecieras... eres todo lo que busco en un hombre. Me encanta tu forma de ser, tu carácter, cómo me tratas, lo inteligente que eres, cómo me haces reír y cómo hacemos el amor. Juntos formamos una combinación perfecta de similitudes y diferencias, me complementas a la perfección con tu mala leche y ese rollo de ejecutivo malvado que te traes, aunque por dentro seas de algodón de azúcar. Me gusta que cuando estás conmigo dejes salir al niño que llevas dentro, porque confías en mí y no te importa mostrarte vulnerable aunque eso destroce tu personaje. Me encanta mirarte a los ojos y perderme entre tus pestañas. Tus besos me vuelven loca. Tienes esos labios esponjosos, húmedos y calentitos que bailan con los míos la coreografía más perfecta del universo cada vez que se juntan en un beso. Me fascina tu cuerpo. Tenerte entre mis brazos o refugiarme entre los tuyos me hace sentir completa. Dormirme respirando tu olor es la octava maravilla del mundo. Acariciarte se ha convertido para mí en una auténtica obsesión. Eres suave, firme y calentito. Descubrir nuevas curvas, huecos y recovecos cada vez que paso mis dedos por tu piel me produce una sensación indescriptible. Recorrer tu cuerpo con mis labios es un auténtico placer.

Sabes a cielo.


Me gusta verte bromear con mi padre, porque por algún extraño motivo siento que encajas y completas mi cuadro familiar. Aunque sea una soberana gilipollez, me gusta que me hables valenciano porque por algún motivo sé que el padre de mis hijos ha de hablarlo. Hasta tonterías como que llames "paticuelas" a las zapatillas de ir por casa me hacen sonreír. Incluso las pequeñas cosas que me sacan de quicio me fascinan, como tu paladar de gourmet, tu gusto por las cosas "buenas" (caras) y tu forma de criticarme las pocas veces que me dejas conducir. Incluso tus ronquidos se han convertido en el hilo musical de mis sueños. Me gusta cuidarte cuando estás malito (pero ojo, no te tomes esto muy a pecho que la última vez que te lo dije te tiraste enfermo un mes!) y me siento realmente útil cuando me dices que sólo por estar conmigo te encuentras mejor, aunque sea una mentirijilla.

Hoy me gustan hasta tus pies.

No sé cómo decirlo para que alcances a comprender que estoy jodidamente enamorada y sé que mi lugar es junto a ti. No sé cómo decirte que tengo ganas de gritarle un "SÍ, QUIERO" al mundo y ser tuya para siempre.

Vamos a ser muy felices, eso seguro. Estamos hechos para estar juntos.

Pero tienes que dejar de fumar.


Te amo vida mía. Que pases un buen día...