1 fue el primero. No recuerdo cómo le conocí, no le prestaba atención, simplemente había estado ahí siempre. Un día, en una de esas conversaciones telefónicas adolescentes que se alargan innecesariamente con la amiga del alma de aquella época, analizábamos las cualidades de nuestros compañeros de clase. A ella le hacía gracia y eso me hizo fijarme en él. Hubo un tonteo progresivo, iniciado por el lanzamiento de bolitas de plastelina en clase y seguido de magreos bajo la manta en el autobús de camino a París. Con él descubrí el mundo del amor, de las caricias y de los placeres. Juntos nos aventuramos a iniciar el delicioso camino hasta el éxtasis, que descubrimos con mucha ilusión durante toda la adolescencia. Al llegar a la mayoría de edad nuestros caminos divergieron, pero manteniendo una amistad de las que pocas personas pueden presumir. 1 es F.sábado, 17 de diciembre de 2011
Registro de visitas
1 fue el primero. No recuerdo cómo le conocí, no le prestaba atención, simplemente había estado ahí siempre. Un día, en una de esas conversaciones telefónicas adolescentes que se alargan innecesariamente con la amiga del alma de aquella época, analizábamos las cualidades de nuestros compañeros de clase. A ella le hacía gracia y eso me hizo fijarme en él. Hubo un tonteo progresivo, iniciado por el lanzamiento de bolitas de plastelina en clase y seguido de magreos bajo la manta en el autobús de camino a París. Con él descubrí el mundo del amor, de las caricias y de los placeres. Juntos nos aventuramos a iniciar el delicioso camino hasta el éxtasis, que descubrimos con mucha ilusión durante toda la adolescencia. Al llegar a la mayoría de edad nuestros caminos divergieron, pero manteniendo una amistad de las que pocas personas pueden presumir. 1 es F.miércoles, 14 de diciembre de 2011
Cuando alguien lo dice
¿Qué es lo que tienen que tanto pavor y rechazo provocan? En vez de sentir alegría nos sobrecoge el temor y luego, un velo de inconvenientes cubre y transforma al desdichado que las dijo, el cual, al poco, sólo nos inspira desprecio, porque le vemos a nuestra merced, sumiso, vencido, carente ya de interés. Él ha caído y el receptor se mantiene a flote. Y diciéndolo se torna tan débil a nuestros ojos que hay que protegerle para no herirle. De ser un igual pasa a estar muy abajo; de deleitosa compañía, a incordio. Te venera, no te deja en paz, reclama tu continua atención, incluso se alegra de recibir tus insultos, lamería el suelo tras tus pasos, se humillaría, te imploraría, abandonaría sus quehaceres para postrarse ante un teléfono a esperar tu llamada, perdido todo dominio y fuerza de voluntad. Ciertamente, está hechizado.
Si era un amigo o un compañero con quien podías charlar relajadamente, ya no. Ha dejado de serlo. Ahora tendrás que medir las palabras para evitarle sufrir, pues sabes que tú, al no sentir lo mismo, eres la única causa de su infelicidad. Sin pedirlo, tienes al lado a alguien que se porta como si fuera tu pareja. ¡Es insoportable! Uno no quiere tener a nadie a su cargo; uno no quiere más responsabilidades que las que la vida le adjudica, y sin embargo, con el “te quiero”, te sientes obligado. ¿Qué le vas a hacer? Tú no le quieres, pero sabes cuánto duele no ser correspondido y desde tu puesto poderoso, pronto sientes que te cuesta seguir llamándole, te pone los pelos de punta cruzarte en su camino y ves en sus ojos una completa sumisión y una súplica desesperada. ¡Pobre del enamorado no correspondido que al confesar su amor queriendo causar gozo, no halla sino soledad! Y es que querer es egoísta. Es como si la comunidad de vecinos te dice “Te queremos. Se tú el presidente.” Oh, vaya, qué bien. A preocuparme yo de todos. El que te dice “te quiero” no acaba la frase. Tendría que añadir “a todas horas”. “Quiero tu cuerpo, tu mirada, tus pensamientos, tu atención, tu tiempo. Que me escuches, que me atiendas, que me mimes, que te dediques sólo a mí”. ¡Venga, hombre! ¿Y qué se queda para mí? ¿Tu amor, el que ni he pedido ni he buscado? Es como si me toca una moto en el sorteo de un hipermercado. ¿Y si no me gustan las motos? Ya me hacen molestarme en realizar un montón de papeleo y en buscar comprador. En nuestros genes está grabado a fuego perseguir lo imposible para salvaguardar la supervivencia de nuestra especie. Cuando ya has conseguido tu objetivo, por difícil que fuese, al terminar el flirteo desaparece el misterio y con él la mayor parte del interés. Así que ya sabes: si deseas apartar de tu vida a alguien que te es molesto, dile que le quieres. En la mayoría de los casos (en realidad siempre que no seas correspondido), servirá para que desaparezca.
Ahora bien, si te lo dice alguien de quien sí estás enamorada… es bien distinto. Subirás al séptimo cielo con más impulso que una nave de la NASA. La cantinela del “me quiere, me quiere, ¡me quiere!” sonará como un mantra en tu cabeza. Ambos pelearéis por ver quién se entrega más, quién se sacrifica más para hacer feliz al otro. "Te quiero" “No cariño, Yo te quiero más”.
En la única ocasión en que no tiene ningún efecto es cuando sabes que quien te lo dice lo utiliza como cumplido. Marido, mujer, aniversario, flores, bombones, un “te quiero” rutinario entre dientes, confusamente susurrado al oído junto a un volátil roce de mejillas. El aludido responde como un autómata “Ya… Y yo también a ti”. El paso el tiempo lo ha vaciado de sentimiento, el enamoramiento se convierte en difuso apego, pero existe la necesidad de decirlo porque produce alivio. Un engaño entre dos construido que deja vivir y respirar. Consuela tener un testigo de tu vida.
Conclusión: Nunca des lo que no te piden. Si no lo necesitan, no van a querer usarlo. Y si lo das con toda tu buena intención, lo usarán por decencia y enseguida comenzarán a detestarlo. Eso si no lo tiran directamente a la basura. O si no se lo dan a otro. No olvidemos que la decencia y la educación no abundan en los días que vivimos.
¡Lástima que el amor no sea intercambiable! “¿Que me quieres? Ya, pero es que no me hace ninguna falta. ¿Por qué mejor no quieres a mi amiga Fulanita, que está muy falta de amor?”. El ser humano siempre ansía lo difícil de conseguir. Si quieres a alguien y quieres hacerle feliz, no se lo digas. Hay mil maneras de verlo y de comprobarlo antes que oírlo. El querido se sabe querido sin que se lo digan. El amor se ve, se nota, se siente. Mejor no lo digas, y si quieres experimentar ese espléndido estado de alborozo hormonal, cruza los dedos para no oírlo, incluso de alguien que te ame en secreto. Ansía, anhela, espera, sueña: una vez lo tengas… ya sabes: te fijarás un nuevo objetivo. Mientras ni lo digas ni te lo digan, aún podrás disfrutar.
lunes, 11 de abril de 2011
El premio de las 7 anécdotas


jueves, 7 de abril de 2011
De cómo llegué a ser una mujer trabajadora (de nuevo)
Mi familia estaba en la casita de la playa, tomando el sol y haciendo barbacoas al aire libre en plan tribu de los Brady. Todo ese aire bucólico a mí me hastiaba después de mis desventuras amorosas y yo había optado por pasar el verano haciendo mi propia versión lastimera de Eva María, quedándome en la ciudad donde pudiera tener internet bien cerca para fustigarme con imágenes del susodicho saliendo de fiesta y cortejando nuevas víctimas. Después de las fases de espera ilusionada-victimismo-depresión-convalecencia y unas cuantas semanas de castigo, llegó la fase de promiscuidad despiporre y alcoholismo previos al contacto definitivo con la realidad. De esta etapa no estoy especialmente orgullosa, pero tampoco me avergüenzo porque ha sido imprescindible para volverme a colocar los pies en el suelo, el corazón en el pecho y la cabeza sobre los hombros. Y porque entonces apareció él, dando un vuelco a mi vida y llenando de ilusión los rincones de desesperanza. A lo que iba, que es la historia de cómo volví al mundo laboral: Con la repentina confianza que otorga amanecer unos cuantos días junto a alguien, Pasteloso se tomó la libertad de registrar las despensas de mi casa y tras confirmar que no podía seguir sobreviviendo a base de galletas y espaguetis durante toda la ausencia estival de mis padres, me obligó a bajar al súper para reponer víveres. Era urgente hacer la compra y yo lo sabía, pero salir a la calle en pleno agosto significa exponerte a una muerte agónica por combustión espontánea. Sientes el sol asarte los pulmones al vapor cada vez que inspiras. Mi razonamiento incuestionable era que mejor morir de hambre que a la papillotte. Pasteloso me sacó de casa cogida de la oreja y con una lista de la compra nos fuimos al Mercadona más cercano. Estando en la cola de la caja, sonó mi móvil:
- Hola, ¿es ud. la señorita Paranoica?
- Sí, soy yo.
- La llamo del Valle de los Reyes, tenemos aquí su currículum y estamos interesados en hacerle una entrevista de trabajo mañana por la mañana.
En ese momento entré en shock confusional. En menos de dos meses había hecho cuatro entrevistas de trabajo para tres empresas diferentes (una clínica de fertilidad, un centro de estética y una cadena de geriátricos) y yo no había echado candidatura para ninguna de ellas. No entendía el repentino interés del mundo laboral hacia mi persona ahora que yo pasaba de incorporarme a él. Obviamente como no me interesaba lo más mínimo no encajaba en el perfil , no me cogieron para ninguno de los puestos ofertados... ¿El Valle de los Reyes? ¿otra vez? Ya hice una entrevista para esas residencias hace apenas un mes y ¿ahora me vuelven a llamar? ¿qué quieren? Me quedé mirando a Pasteloso con cara de estar más perdida que un pulpo en un garaje.
- Es de una residencia de viejos, para una entrevista de trabajo mañana.
- ¿Tienes algo que hacer?
- No.
- ¿Entonces?
- No quiero trabajar allí, odio comerme marrones y pagan una mierda. Es verano y me llamarán pronto de la pública.
- No seas tonta, haz la entrevista y si te llaman de otro sitio siempre estás a tiempo de rechazar.
- ...
Caprichos del destino, la noche anterior habíamos estado hablando de que la convivencia con su anterior pareja había fracasado porque ella estaba estudiando y se negaba a trabajar dentro y fuera de casa. Así que en un alarde de madurez, acepté aquella entrevista para un puesto de trabajo que no me motivaba en absoluto para impresionar a un hombre.
Respecto al trabajo, no me equivoqué y es una mierda, pero al menos tengo un sueldo al final de mes y teniendo en cuenta cómo están las cosas ya puedo darme con un canto en los dientes. De las maravillas del Valle de los Reyes ya os hablaré otro día.
Como conclusión final, es curioso que de lo jodida que puede llegar a quedarse una al verse de un plumazo sin casa, sin trabajo y sin novio, lo más notorio sea esto último. Estar en el paro y volver a parasitar la casa de mis padres cual nini me traía sin cuidado, pero no tener pareja me atormentaba de una forma que ahora mismo no soy capaz de explicar. Más tarde descubriría que a mi bruja ese orden de preferencias se la traía al pairo.
Para resolver el misterio de las entrevistas fantasma, debo confesar que estaba tan obsesionada y deprimida en mi falsa soledad que no me di cuenta de cómo mi familia estaba luchando por ayudarme a resolver mi situación. Mi bruja había decidido coger las riendas y pasaba mis meses de autocompasión bombardeando a todas las empresas del país con mi curriculum. Y claro, de alguna me tenían que llamar.
Dadle a una madre un país en crisis y sentaos a observar.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Sigo viva

He vuelto!
Vale, a ver, esos dos del fondo que están enfurruñados porque se empezaban a hacer ilusiones de que no volvería se pueden marchar ya, que internet es grande y hay muchos sitios donde perderse gratis como para venir a alegrarse de las desgracias de una.
Suponiendo que soy importante y alguien se haya dado cuenta de que no estaba, alguno se habrá preguntado el por qué de mi ausencia. Pues bien, como me dispongo a contar en las próximas entradas póstumas (por la fecha, ya caducaditas), he estado algo atareada y no he tenido momentos ociosos acompañados de inspiración suficiente para postear con dignidad. Ojo, que sí os he leído, pero lo de escribir ya es más complicado.
Y no es precisamente porque no me hayan sucedido cosas anecdóticas, pero no encuentro forma de redactarlo suficientemente amena como para que quede interesante o digno de ser leído. Es como con los chistes, hay quien tiene gracia para contarlos y hay persona que ya puedes darle el mejor chiste del mundo que nada, no hace reír ni al cuñao.
La verdad, me da mucha pena ver el blog tan abandonaíco, pero ya he vuelto y espero quedarme...
jueves, 4 de noviembre de 2010
Planificando ando

Premisas a tener en cuenta:
- Tiempo de planificación inferior a una semana.
- Invitados entre los 18 y los 28 años.
- Uno de ellos con pierna escayolada.
- Una embarazada.
- Una madre de niño pequeño.
- Varias parejas.
- Varias golfas con tendencias etílicas de las que no me
gustaría hacerme cargo.
- Limitación económica moderada-seria.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Justificante de ausencia
Jodidamente pletórica. Ha llegado alguien especial a mi vida (por fin, pero eso da igual) y he dejado de destilar ácido por mis poros para empezar a segregar una melaza de dulzor insoportable. Esta felicidad eclipsa mis ataques de rabia contra el mundo y me resta inspiración para escribir entradas, de ahí mi prolongada ausencia bloguera. Normalmente sólo escribo del tirón, cuando algo me cabrea o me molesta especialmente, en un arranque de ira letal y desahogo. Eso de hacer borradores y pensar en nuevos temas de forma ordenada y que resulte interesante de seguir parece ser que no es lo mío; creed que lo he intentado, porque tener tan abandonaíto el blog después de sólo unos pocos meses me parece una muestra más de mi ya conocida falta de constancia y eso me repatea.
Ante el yermo septiembre bloguero, he de asumir que se me está estropeando el cerebro de tanta endorfina y estoy comenzando a odiarme. Tanto alborozo y cómodo optimismo hace que se me oxiden las neuronas. Para que me entendáis, es como si a Bender le cambiasen la cerveza por mermelada de frambuesa. Empalagoso, ¿verdad? Aunque creo que los no-frikis seguiréis sin entenderme... pero podéis haceros una idea.
Comprended que quiera ahorraros tamaño sufrimiento.
Mañana escribiré más, pero advertidos quedáis del escaso interés del contenido.
No quiero lágrimas, que se me corre el rímel.
jueves, 16 de septiembre de 2010
En celo

Estoy cachonda perdida.
Salida, verraca, hirviente, palpitante, en ebullición, acalorada, lujuriosa, lasciva, calenturienta, con la libido por las nubes.
Estás en la oficina, asomas detrás del monitor de tu ordenador y yo te observo atrincherada desde mi mesa de trabajo mientras escribo esta entrada, dedicada a ti con toda la efusividad que me proporciona el subidón hormonal.
No alcanzo a comprender por qué estoy tan alterada. Estoy en el día 25 de mi ciclo y en lugar de ser una amargada víctima del síndrome premenstrual, soy mártir de mi furor uterino. Me conozco, soy consciente de mi hipersensibilidad sexual, pero lo de hoy juro que es exagerado. Debe ser tu olor, esa mezcla entre Le male y tus propias feromonas. Estoy inquieta, necesito mantenerme ocupada para despejar mi mente o acabaré saltando sobre ti... Y aún quedan cuatro horas compartiendo despacho.
Te veo comunicándote con el jefe supremo a través de Skype para intentar cuadrar un presupuesto de tarjetas mágicas. Tu cara de concentración, frunciendo ligeramente el ceño, me parece de lo más sexy y varonil. Todo ese vocabulario administrativo saliendo de tus labios, con la entonación chulesca que te da saber que eres el mejor en tu trabajo me resulta arrebatador. Estoy pasmada ante tamaña demostración de seguridad en uno mismo. Intento no mirar, concentrada en mi portátil, pero resoplas y alzo la vista. Algo se tuerce en la hoja de cálculo y te muerdes el labio inferior en un gesto exageradamente morboso. Acabo de descubrir que me pone mucho el rollo ejecutivo agresivo. Estoy a un paso de estallar en llamas. Mejor voy al baño a refrescarme.
Encerrada en el lavabo, me sorprendo a mí misma con un manantial de fluidos entre las piernas y una lluvia de ideas obscenas entre las sienes. No sé qué hacer con mis manos. Parece mentira lo evocador que resulta todo para mi imaginación cuando no la domino. Si no salgo pronto de aquí acabaré cayendo en el onanismo. Mejor vuelvo a mi trinchera.
Sigo comiéndote con los ojos, analizando cada uno de tus movimientos para guardarte en mi memoria y conseguir reproducirte fielmente en mi cabeza en mis ratos ociosos. Con unas manos desproporcionadas y esos dedos infinitos, verte acariciar la rueda del ratón es altamente provocador. Nunca había caído en ese paralelismo de formas y movimientos, pero al parecer un tal Andy Kurovets sí. No puedo evitar verme tendida en tu escritorio, sustituyendo el teclado por mi cuerpo. Sus vocales por mi boca y su barra espaciadora por tu barra en mi espacio. Joder...
Me revuelvo en mi silla. Intento cambiar de postura con tal de calmarme un poco pero mi scroll está demasiado demandante, rozándose entre mis muslos y el asiento. Necesito una ducha fría YA. Hay que levantarse. Me paseo hasta el termostato y lo bajo un par de grados, a ver si somatizo un poco el descenso de temperatura. No puedo evitar volverme al pasar frente a tu escritorio y tus ojos se encuentran con los míos en un cruce de miradas incendiarias. Relax, sólo queda una hora y podré soportarlo.
Entro de nuevo en el lavabo, me lavo la cara y me refresco con algo de agua porque esto no puede ser. Entonces ocurre. Llegas al cuarto de baño y me ves ahí haciendo tiempo, con las manos apoyadas en la pila y mirándome en el espejo el maquillaje corrido y el pelo humedecido. Mi mente hace una rápida reproducción de fotogramas lascivos mientras yo encajo que me estés viendo con semejante aspecto. Sacas tu Blackberry del bolsillo del pantalón y la dejas caer sobre el mármol. Me coges desde atrás y acercas tu cuerpo al mío, con tus manos sobre mis caderas. Observo anonadada cómo acercas tu boca a mi oído y, a cámara lenta, se abre para decir algo. Alta tensión.
- Estoy esperando la llamada de un cliente. Tienes de tiempo hasta que suene el móvil.
- Pensé que hoy no caerías.
- Contigo siempre caigo.
Me doy la vuelta y voy comiéndote la boca mientras me levantas a horcajadas para sentarme sobre el mármol. Te arranco la camisa en un suspiro y mientras devoro cada centímetro de tu torso desnudo, arremangas mi falda hasta acceder donde te place.
Besos, piel, respiración agitada, erección, guerra de sexos, jadeos, piel, embestidas, humedad, mordiscos, sudor, placer, gemidos... Me esfuerzo por mantener un nivel acústico aceptable. Tacto, más piel, deseo, fuerza, sublimación. Eres un experto en la lectura braille de mi cuerpo. A partir de aquí, inenarrable.
Cuando recupero la consciencia, analizo los daños.
En algún momento de éxtasis he roto el espejo del baño.
Necesito ropa interior nueva, o al menos seca.
Mi ombligo inundado de ti me obliga a hacer malabarismos para limpiar tu rastro de mi vientre.
Te marchas con mis uñas tatuadas en la espalda y el deseo chispeando en tu mirada.
Sé que habrá más.
Como alguien dijo: Se te va a secar el cerebro a través de la polla, de tantas pajas pensando en ella... déjalo ya!
lunes, 19 de julio de 2010
Me siento culpable de sentirme culpable
Soy una persona sexualmente liberada y de mente muy abierta, pero de conciencia condicionada a la monogamia por dos motivos: experiencia laboral y presión social. Si os preguntáis por qué mi trabajo condiciona mi vida sexual, seguro que a vosotros trabajar en una planta de Urología una temporada también os haría pensar muy mucho sobre la probabilidad estadísticamente aterradora de que algún desgraciado te contagie cualquier mierda. Aún usando preservativo. La vida real no es "Anatomía de Grey".
Respecto a la presión social, las mujeres somos así de estúpidas. Nos dijeron que debe haber algo más allá del furor uterino para entregarnos -entregarnos, ¡qué bonito! te ofrezco mi entrepierna envuelta en papel de regalo- y nosotras fingimos que nos lo creemos porque existe ese hombre ideal que merece tu reserva. Entonces llega el día en que descubres que no existe el príncipe azul y tú necesitas follar igualmente. Eso pesa en tu absurda conciencia y te hace sentir mal, sucia, rara, incomprendida y sola.
Por si toda esa maraña de sentimientos no fuese suficiente, ahora está de moda el libertinaje. Como buena moda, hay que seguirla para estar al día y encima nos tiene que gustar. Así que como soy una mujer moderna, me subo al carro de follarme a todo lo que se mueve y ¡oh, sorpresa! al mogollón de sensaciones se unen dos perlas más: te sientes utilizada y culpable. Y si te pareces un poco a mí, te sientes culpable de sentirte culpable por hacer lo que te apetece.
No sé qué pasará por las cabezas de las demás féminas, pero yo dedico bastante tiempo a buscar una explicación racional sobre qué es lo que me hace sentir pesar cuando el subidón del orgasmo desaparece y veo quién está en mi cama, porque no sucede siempre.
Hace poco pensé que muerto el perro, se acabó la rabia e intenté eliminar ese "quién" sustituyéndolo por "algo" pero han sido los 62 € peor invertidos de mi vida. Hombres del mundo, no temáis a la tecnología sexual. Por muy mal amante que seas, un ser humano es muchísimo mejor que el aparato más sofisticado que inventen los de Fun factory. Curioso que la empresa sea ale-manita, ¿no?
Volviendo a mi sentimiento de culpa, sé que tiene poco o nada que ver con el vínculo sentimental que me una al afectado. En ocasiones he llegado a sentirme tan cosificada por mis novios como por los desconocidos de un sólo polvo. Del mismo modo he estado igual de felizmente pletórica después de una noche haciendo el amor, que después de una buena follada en una noche etílica.
Una vez una bellísima persona me dijo que cuando tenga dudas sobre mis actos, piense cómo me harán sentir las consecuencias a los tres días. Lo que pasa es que yo soy incapaz de predecirme a mí misma y acabo haciendo lo que me apetece en ese instante, que dada mi pasmosa capacidad para la autoflagelación obviamente no siempre es lo mejor para mi salud mental.
En el fondo, creo que lo que me hace sentir mal es que me mientan. No soporto las mentiras. Para mí es absolutamente desquiciante que un tío que sólo quiere llevarme a la cama trate de camelarme diciendo que soy la mujer de su vida. Y se ve que esto es la norma hoy en día. Por si eso no fuera suficiente, cuando te quitas de encima (o de abajo) al lobo disfrazado de cordero te suelta eso de que al menos siempre quedará la amistad. Pero vamos a ver ¿qué amistad? ¿tú eres gilipollas?
También estoy convencida de que los hombres van de románticos porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia la entrepierna de las mujeres. Mujeres que se hacen las estrechas porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia los hombres adecuados. Hombres que se suponen adecuados pero no lo son. Y en este adorable círculo vicioso de suposiciones hay mucho corazón desvencijado y mucha ilusión perdida.
Respecto a mí, trece es un número precioso y me encantaría que el afortunado decimotercero me diese motivos suficientes para que no haya necesidad de un decimocuarto. Aunque pensé lo mismo del primero, del segundo y del tercero...
Llamadme ilusa.
domingo, 18 de julio de 2010
Tipos de pareja
- LA ESPOSA ENAMORADA Y EL MARIDO FRÍO
- EL MARIDO BONACHÓN Y LA ESPOSA INFANTIL
- LOS “NI CONTIGO NI SIN TI”
- LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO
Esta última etiqueta me ha llamado la atención, porque mi propia madre me ha repetido hasta la saciedad que parezco la madre de mis novios. Ella lo dice porque me gustan los hombres delgados y yo soy más bien hermosa, pero obviando la apariencia física, sé que soy una acaparadora con mis parejas y eso encaja perfectamente en el rol de madre. He aquí el análisis.
"LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO (EL CUIDADOR Y EL ENFERMO)
Cuando se elige este tipo de pareja, el marido busca a alguien que lo cuide y lo regalonee como una madre y ella busca a alguien de quien preocuparse, cuidar y salvar. Ambos están de acuerdo en que ella será la madre y él se comportará como hijo. Él aparece como un hombre cariñoso, más bien dependiente y poco competitivo y ella aparece como humilde, sin exigencias y con gran capacidad de sacrificio. Las mujeres suelen pertenecer a las profesiones “auxiliadoras” como las asistentes sociales, las enfermeras y los profesionales de la salud o “mujeres adictas a la relación” (Norwood, 1987).
Al comienzo, él desea ser acogido, protegido y cuidado por su esposa y ella está motivada a entregarle todo el cuidado que necesite, además de sentirse muy bien por hacerlo. Ella no desea nada y sólo espera ser compensada con el agradecimiento de su marido. Más profundamente, se trata de personas que se consideran poco queridas; él está tan necesitado de consideración y cuidado que se niega a ayudar y proteger a su pareja y ella compensa sus temores de no ser querida y de ser abandonada emparejándose con un hombre que dependa de sus cuidados.
El conflicto sobreviene cuando él se niega a entregar reconocimiento por los servicios prestados por ella; cuando él aumenta las exigencias y/o cuando ella comienza a sentirse sobrecargada, agotada y comienza a desear o envidiar la situación que él vive. Ella sentirá envidia y celos por la dedicación y el cuidado que él recibe por parte de ella, y él se llena de sentimientos de culpabilidad y de rabia pasiva. A mayor queja de ella mayor pasividad de él.
Este tipo de dinámica se da en las parejas en que hay un miembro adicto, en la cual ella asume el control de la familia, lo protege y siente que si lo deja él muere. La adicción del cónyuge le sirve para validarse en su indispensabilidad. Este tipo de pareja suele consultar cuando ella se ha aburrido o deprimido o cuando él se siente desautorizado o maltratado por ella. También consultan por infidelidad de él, lo que provoca fuertes sentimientos de traición en la mujer. Algunas veces cuando él alcanza autonomía económica busca otra mujer que esté libre para cuidar de él. Cuando la consulta es por dificultades sexuales, es por frigidez de ella o por inhibición sexual o eyaculación precoz de él. El conflicto suele aparecer después del nacimiento del primer hijo o cuando los hijos son adolescentes.
En relación a los objetivos terapéuticos es importante que ella se dé cuenta que la dependencia hacia él no es distinta, en lo absoluto, de la que él tiene con ella. Es necesario que él aprenda a desempeñar funciones de cuidador hacia ella y ella aprenda a sentirse vulnerable y pueda ser capaz de necesitar y recibir ayuda. Suele ser importante, a través de distintas técnicas, bloquear las conductas de control y protección de ella hacia él y ayudarlo a él a hacerse cargo de las responsabilidades que corresponden al desempeño de su rol."
Me pregunto cuáles serán esas técnicas. Tendré que replantearme lo de visitar a un loquero. Aunque conociéndome es más probable que estudie la Licenciatura en psicología para resolverme a mí misma. Ir a un psicólogo sería como pedir ayuda. Y eso me convierte en vulnerable.
http://www.terapiafamiliar.cl/web/UserFiles/File/Tipos_de_pareja_y_objetivos.pdf
sábado, 17 de julio de 2010
Las medias tintas
Para mí la vida es en blanco y negro, no existe la escala de grises, difuminados y sombreados absurdos. Como dicen en mi tierra: "Animalà o res". Vivo en una dicotomía constante.
En mi alimentación:
Si estoy a régimen, me alimento de agua y lechuga. Sin aliños. Sólo cuento calorías y mastico.
Si no lo estoy, me inflo a comida basura. Cualquier cosa con un envase de colores y muchos E-XXX en su composición es válida. Con mucha sal y muchas grasas trans.
En mi aseo personal:
Si estoy en plan dejada, una ducha a la semana y el mismo pijama pestilente son perfectamente válidos. Depilarse es considerado sacrilegio en esas etapas.
Si me entra la vena presumida, la sesión de chapa y pintura puede durar entre 1 y 5 horas sólo para ir a comprar el pan.
En mi avidez intelectual:
Si me obsesiono por cualquier tema, en una semana llegaré a acumular tal cantidad de información sobre ello que podría asesorar a los mayores expertos a nivel mundial. Puedes preguntarme lo que quieras sobre diabetes, gatos y sexo.
Si he de estudiar algo en concreto por obligación, leeré lo justo para conseguir hacerme una chuleta y aprobar. Por eso suspendí matemáticas toda la vida.
En mis amistades:
Si te has ganado mi confianza, te informo cada 5 minutos de los cambios en mi vida, te pregunto sobre cualquier decisión y tengo tu opinión en cuenta en todos mis actos. Doy mi vida por ti.
Si eres de los que sólo están cuando las cosas van bien, la única palabra que te dedico es "hola" y sólo si me resulta imposible fingir que no te he visto. La hipocresía se me atraganta.
En mi trabajo:
Si tengo un buen equipo médico, me anticipo y rozo el intrusismo profesional. De cara al paciente, me mantengo en un segundo plano y el mérito es de todos.
Si se han comprado el título sin merecerlo y esperan que los admire como seres superiores por ser enfermera, me limitaré a ser todo lo inútil que ellos esperan que sea. Amén por los pacientes.
En mis relaciones con los hombres:
Si estoy realmente interesada en alguien, sólo existe esa persona en el mundo hasta que me abandone. Ya comenté sobre esto.
Si sé que sólo es sexo, me valdrá con saber su teléfono y disponibilidad horaria. Cuanto menos sepa de él, mejor para mi salud mental. Conocer su nombre es por cortesía, no por gusto.
Mierda, estoy pensando demasiado sobre este último punto. Me cabrea mi relación con el mundo masculino. Mañana caerá otro post.
Mi neurosis y mi ciclotimia no ayudan en esto.
Soy altamente inestable para todo.
...un desastre.
Esperando
No tengo paciencia. Lo quiero YA. Esperar es un mal que no sé soportar. Por eso no me gustan los perros, ni los niños. Odio la gente que no responde a los sms. Siempre llego tarde a propósito porque si he de esperar a los demás, acabo marchándome sola.
No sé lo que es la fuerza de voluntad. Lo quiero FÁCIL. Soy genéticamente incapaz de hacer dieta y físicamente inválida para la abstinencia sexual. Me resulta imposible renunciar, sacrificar o posponer las cosas que me agradan. Soy una adicta a la serotonina fácil. El día que una misma persona sea capaz de darme chocolate y orgasmos, seré suya.
Desconozco la constancia. Lo quiero TODO. Soy una veleta (o como diría mi madre, un culo inquieto). No me malentendáis, por supuesto que tengo metas y objetivos en la vida. Mi problema es que son tantos que no sé en qué dirección focalizar mis fuerzas cuando las metas están en direcciones opuestas. Al final, acabo por no emprender ningún proyecto porque sé que no los terminaré.
Afortunadamente, para compensar tanto hueco virtual (entendiendo virtual como relativo a la virtud) me dieron una triple dosis compensatoria: Soy testaruda, obstinada y terca.
Siempre tengo razón, aunque no la tenga.
El problema es que me encanta llevar la contraria.
El día que veais mi esquela anunciando una muerte anticipada, probablemente es que alguien me dijo que no sería capaz de suicidarme.
martes, 29 de junio de 2010
Sobre la mala memoria
Si no me queda papel higiénico será imposible para mi recordar que tengo que comprarlo, con el desastre que eso implica la próxima vez que haya que visitar al señor Roca.
Sin embargo, cuando me interesa un tipo soy capaz de guardar un montón de información inútil en un tiempo récord. Con un mes me basta para que en mi cabeza haya datos como su nombre completo, color de ojos, estatura exacta, fecha de nacimiento y horóscopo, profesión actual y anteriores, qué ropa llevaba el día que nos conocimos, número de calzado, dirección postal y de msn, nombre de familiares y amigos cercanos, canciones favoritas, aspiraciones en la vida, aficiones, horario de trabajo, modelo de coche y matrícula, número de teléfono, estilo en el vestir, cómo besa, cómo coge el cubierto al comer, qué calzoncillos llevaba la última vez que nos acostamos (y otros detalles sexuales), todas las cursilerías que dijo para camelarme y todas las excusas que inventó para abandonarme.
Cuando lo único que quieres saber de esa persona es que estaría mejor muerta, tener buena memoria es una putada. Solamente hay una cosa equiparable a la agonía de sus recuerdos: su olor entre mis sábanas.
Pero para el cerebro no hay lavadora.
viernes, 25 de junio de 2010
Así explotó mi burbuja
Maldito el día en que dije esa frase. El encargado de gestionar el kharma sentimental en el Universo pensó que no era justo y me maldijo. Eso, o que las amenazas de las cadenas de e-mail son reales.
Después de una relación de cuatro años que llevaba 3 agonizando, decidimos que para seguir mirándonos con asco mejor cada uno volvía a casa de sus padres y nos ahorrábamos el alquiler. El problema es que gracias a mi "suerte en el amor", yo no había estado soltera desde el año 2002. El 14 de Febrero entré oficialmente en el mundo de la soltería y me di cuenta de que no sé estar sola. Sí, el día de San Valentín todo el mundo rezumaba amor por cada uno de sus poros y yo sólo lloraba con la cabeza debajo de las mantas y pidiéndole a Cupido cambiase el arco por una AK 47, a ver si había suerte y moría.
Además, tuve la fortuna de quedarme en paro. Así podía dedicarme 24h a la autocompasión, sin que me interrumpiera la jornada laboral. Las alegrías vienen juntas.
Después de unas semanas de agonía y culpa, decidí sacar la cabeza de debajo de las sábanas, observé mi habitación tapizada de pañuelos con lágrimas y mocos. Si seguía así, nos íbamos a quedar sin árboles en el mundo.
Retomé el contacto con mis hamijas (mi definición de este término ya ocupará un post algún día) y me di a la mala vida. Yo, que no había salido de fiesta ni en mi época universitaria, empecé a emborracharme jueves, viernes y sábado de todas las semanas.
Desde entonces mi tiempo libre alterna tres actividades: la embriaguez, dormir e internet.
Mi basura nace en los periodos de embriaguez pero se alimenta, crece y reproduce en mis ratos en la red. Menos mal que fui bendecida con la capacidad de dormir 10 horas al día.
