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sábado, 17 de diciembre de 2011

Registro de visitas

1 fue el primero. No recuerdo cómo le conocí, no le prestaba atención, simplemente había estado ahí siempre. Un día, en una de esas conversaciones telefónicas adolescentes que se alargan innecesariamente con la amiga del alma de aquella época, analizábamos las cualidades de nuestros compañeros de clase. A ella le hacía gracia y eso me hizo fijarme en él. Hubo un tonteo progresivo, iniciado por el lanzamiento de bolitas de plastelina en clase y seguido de magreos bajo la manta en el autobús de camino a París. Con él descubrí el mundo del amor, de las caricias y de los placeres. Juntos nos aventuramos a iniciar el delicioso camino hasta el éxtasis, que descubrimos con mucha ilusión durante toda la adolescencia. Al llegar a la mayoría de edad nuestros caminos divergieron, pero manteniendo una amistad de las que pocas personas pueden presumir. 1 es F.

2 fue un error. Me estrenaba en la Universidad y necesitaba reafirmar mi independencia demostrando a todo el mundo que podía estar con quien yo eligiera, no con quien se me suponía adecuado. Aquél chico cinco años mayor que yo, de pelo largo y pantalones paqueteros era ideal para disgustar a mi madre y desprenderme definitivamente del recuerdo adolescente de F. Comenzamos escribiendo notas calenturientas en las horas de clase y seguimos compartiendo paseos clandestinos, puesto que él tenía novia. No me importaba, sólo estaba interesada en los músculos de Bboy que se intuían bajo aquella camiseta. Inesperadamente, él dejó a su novia por mí y me sentía en el deber de corresponderle. Para mi decepción, precoz y escaso serían los adjetivos que mejor lo definían en la cama. Estando todavía enamorada de 1, nos hice perder cuatro años, hasta que F se cansó de jugar conmigo al ratón y al gato.

3 fue una locura. Estaba en Punta Cana, de viaje de fin de carrera y me hizo conocer su interés por mí a través de una amiga común. Nunca había tenido un lío de una noche, así que mi amiga se encargó de alcoholizarme para que me lanzase. Yo ya llevaba unas cuantas copas de más y él no aparecía, de modo que decidí entretenerme con C, mi amigo asexual de toda la vida. Después de unas horas bailando reggaetón las manos se nos escapaban y terminamos compartiendo saliva profusamente ante los atónitos ojos de mis compañeros de carrera, que tuvieron a bien lanzarnos un par de copas por la cabeza para refrescarnos. Al encenderse las luces que avisaban del cierre de la discoteca del hotel, apareció mi pretendiente inicial y me marché con él. Dejé a C con un calentón considerable alegando que lo había pasado bien, pero hay cosas que no puedo hacer con un amigo de toda la vida. Respecto al pretendiente, ver amanecer follando en una hamaca del caribe parece prometedor, pero el alcohol hace estragos y la arena despelleja las rodillas.

4 fue C. Después de mi calentón y fuga, quedamos para hablar. Nos conocíamos desde la infancia, nunca había habido el más mínimo indicio de tensión sexual entre nosotros y era amigo de los dos novios que había tenido hasta entonces. No acabábamos de encajar cómo habíamos acabado tan liados... pero como lo que pasa en Punta Cana se queda en Punta Cana, nos encerramos en una habitación del hotel y dimos rienda suelta al morbo de lo prohibido hasta terminar lo que teníamos pendiente. La aventurilla duró un par de meses más, celebrando encuentros en lugares tan socorridos como el avión de vuelta, el coche y los patios peor iluminados del barrio. Se fue a vivir a baleares, pero sigue siendo mi amigo y compañero de viaje.

5 fue otro estrago del alcohol. Residente rústico de Pueblopalmao, con un más que evidente sobrepeso y ningún rasgo físico que pudiese considerar atractivo, estuve hablando una noche con él por ser el hijo del mejor amigo de mi padre. Como en todos los pueblos hay poco trabajo, la gente tuvo a bien inventarse que nos habíamos acostado. La siguiente nochevieja, con la lucidez mental que el alcohol me atribuye, pensé que ya que hablaban yo les iba a dar motivos y nos acostamos en el museo del pueblo.

6 fue mi primer desengaño. Me conoció una noche en la discoteca más cutre de la región, cerca de Pueblopalmao. Tuvimos una hermosa primera cita y a mí el me gustaba bastante, pero al parecer no fue mutuo. 6 es el PPN y ya he escrito por él más líneas de las que merece.

7 fue un desafío. De fiesta en Mallorca, L y yo ligamos con dos amigos del mismo grupo. Un rato después estábamos en casa de uno de ellos, tomando la penúltima en el sofá. Cuando tuvo lo suyo, mi compañero recordó que tenía que trabajar y allí me dejo, sola en la cama de un desconocido escuchando a mi amiga follar en la habitación contigua.

8 fue una sorpresa. Después de tanto amante de pacotilla había perdido mi esperanza en los hombres. Le conocí en una red social de dudosa fama y decidí a saludarle porque me llamaba la atención que un chico tan atractivo viviese en mi barrio sin que yo me diera cuenta. Tras de hablar durante unos días, me enseñó que sabía utilizar mejor la lengua para otras cosas. Es un dios del sexo, pero demasiado golfo para mi gusto. Sigue en mi agenda, por si tengo una emergencia.

9 fue curiosidad. Tropezó conmigo en la abarrotada discoteca de moda y le dije que a modo de disculpa debía quedarse a bailar conmigo. Entre copas, me dijo que era escorpio y me propuse probar si es cierto lo que dicen de los amantes de mi signo. Quedamos varias veces más hasta que se emparejó con una niña adorable. Deduzco que ella desconoce que, cada vez que nos cruzamos de fiesta, su novio ve oportuno recordarme recuerda lo bien que se nos daba bailar juntos. Hay veces que me odio por ser buena persona.

10 fue práctico. Nos conocimos en la hora de cierre de una discoteca y le dejé bien claro que no esperaba que me tratase como a una princesa si lo que pretendía era acostarse conmigo. De vez en cuando llama para comprobar mi disponibilidad. Es directo y sincero. También sigue en mi agenda.

11 fue frustrante. Es un tío inteligente, con ese tipo de atractivo que no se ve a primera vista pero que engancha. Teníamos conversaciones de horas en las que parecía haber química, pero a la hora de ponernos con la física fue un desengaño. Me veía como a una hermana y yo no estaba muy por la labor de compartir oraciones con él. Le cedí el testigo a mi amiga A. 11 es El cura.

12 fue un desconocido en internet. Llevaba hablabando conmigo unas semanas, hasta que una noche apareció en la discoteca donde yo estaba y nos marchamos juntos. No volví a verlo más.

13 fue el amor de mi vida. En una de nuestras primeras citas me contó que su anterior novia era prostituta y temía que le hubiera contagiado una ETS por lo que pasamos todo un mes durmiendo juntos, literalmente. Al principio no estaba muy convencida, pero cuando me quise dar cuenta estaba enamorada hasta las entrañas. 13 es Pasteloso. Sobra decir más.

14 fue de prueba. Muy dolida por el abandono de Pasteloso, pensaba que nada podría sacarme de mi celibato pero me equivocaba. Un italiano puede conseguir todo lo que se proponga, spaghetti mediante. Tengo pendiente un viaje a Milán. Mi piace molto godere, Jacobo!

15 fue insistente. Desde un beso adolescente, siempre había tratado de tentarme pero nunca se daba la ocasión adecuada para ceder. Aprovechando mi fragilidad post-Pasteloso, me invitó a ver una peli a su casa y pensé que si quería salir de mi mal de amores por qué no dejarme llevar. Como amante prometía, pero la cagó al decir, nada más salir de mí, que se sentía mal por lo que pudiera sentir su amigo F y no podía seguir. Sexualmente a medias y sentimentalmente ofendida, le dije que estaría bien que empatizase un poco conmigo, que me habían dejado plantada en el altar y había cumplido sobradamente con él. Pidió perdón y ha seguido intentando quedar conmigo, pero sinceramente no me apetece tentar a la suerte.

16 fue precipitado. Le conocí en la red y decidimos quedar para contarnos las penas. Divorciado, sentía lástima por mi sufrimiento y hablamos largo y tendido sobre las putadas que el amor ha cometido con nosotros. Salvando las distancias, nuestras historias eran similares y teníamos muchos puntos en común. El tema estrella de conversación eran nuestros respectivos ex. Quedamos varias veces para tomar café, pasear, ir al cine... Dijo que no quería sexo, que si llegaba el momento me llevaría a un lugar especial... pero una noche viendo una peli en el sofá le pudieron los instintos. Más adelante cumplió su promesa, pero esa ya es otra historia.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cuando alguien lo dice


En nuestro idioma son dos palabras. En el resto suele tener tres, pero en cualquier caso, contienen la fuerza demoledora de un hechizo. Dilas cuando no debes y serás la única víctima de la catástrofe que provocan. Y es que, al contrario de lo que pueda parecer, muy a menudo inducen a sentimientos de repulsa, por mucho que estén relacionadas con el amor. Si te lo dice alguien de quien no estás enamorada, hagas lo que hagas no podrás impedir que haberlas oído te aparte de él.


¿Qué es lo que tienen que tanto pavor y rechazo provocan? En vez de sentir alegría nos sobrecoge el temor y luego, un velo de inconvenientes cubre y transforma al desdichado que las dijo, el cual, al poco, sólo nos inspira desprecio, porque le vemos a nuestra merced, sumiso, vencido, carente ya de interés. Él ha caído y el receptor se mantiene a flote. Y diciéndolo se torna tan débil a nuestros ojos que hay que protegerle para no herirle. De ser un igual pasa a estar muy abajo; de deleitosa compañía, a incordio. Te venera, no te deja en paz, reclama tu continua atención, incluso se alegra de recibir tus insultos, lamería el suelo tras tus pasos, se humillaría, te imploraría, abandonaría sus quehaceres para postrarse ante un teléfono a esperar tu llamada, perdido todo dominio y fuerza de voluntad. Ciertamente, está hechizado. 


Si era un amigo o un compañero con quien podías charlar relajadamente, ya no. Ha dejado de serlo. Ahora tendrás que medir las palabras para evitarle sufrir, pues sabes que tú, al no sentir lo mismo, eres la única causa de su infelicidad. Sin pedirlo, tienes al lado a alguien que se porta como si fuera tu pareja. ¡Es insoportable! Uno no quiere tener a nadie a su cargo; uno no quiere más responsabilidades que las que la vida le adjudica, y sin embargo, con el “te quiero”, te sientes obligado. ¿Qué le vas a hacer? Tú no le quieres, pero sabes cuánto duele no ser correspondido y desde tu puesto poderoso, pronto sientes que te cuesta seguir llamándole, te pone los pelos de punta cruzarte en su camino y ves en sus ojos una completa sumisión y una súplica desesperada. ¡Pobre del enamorado no correspondido que al confesar su amor queriendo causar gozo, no halla sino soledad! Y es que querer es egoísta. Es como si la comunidad de vecinos te dice “Te queremos. Se tú el presidente.” Oh, vaya, qué bien. A preocuparme yo de todos. El que te dice “te quiero” no acaba la frase. Tendría que añadir “a todas horas”. “Quiero tu cuerpo, tu mirada, tus pensamientos, tu atención, tu tiempo. Que me escuches, que me atiendas, que me mimes, que te dediques sólo a mí”. ¡Venga, hombre! ¿Y qué se queda para mí? ¿Tu amor, el que ni he pedido ni he buscado? Es como si me toca una moto en el sorteo de un hipermercado. ¿Y si no me gustan las motos? Ya me hacen molestarme en realizar un montón de papeleo y en buscar comprador. En nuestros genes está grabado a fuego perseguir lo imposible para salvaguardar la supervivencia de nuestra especie. Cuando ya has conseguido tu objetivo, por difícil que fuese, al terminar el flirteo desaparece el misterio y con él la mayor parte del interés. Así que ya sabes: si deseas apartar de tu vida a alguien que te es molesto, dile que le quieres. En la mayoría de los casos (en realidad siempre que no seas correspondido), servirá para que desaparezca. 


Ahora bien, si te lo dice alguien de quien sí estás enamorada… es bien distinto. Subirás al séptimo cielo con más impulso que una nave de la NASA. La cantinela del “me quiere, me quiere, ¡me quiere!” sonará como un mantra en tu cabeza. Ambos pelearéis por ver quién se entrega más, quién se sacrifica más para hacer feliz al otro. "Te quiero" “No cariño, Yo te quiero más”. 


En la única ocasión en que no tiene ningún efecto es cuando sabes que quien te lo dice lo utiliza como cumplido. Marido, mujer, aniversario, flores, bombones, un “te quiero” rutinario entre dientes, confusamente susurrado al oído junto a un volátil roce de mejillas. El aludido responde como un autómata “Ya… Y yo también a ti”. El paso el tiempo lo ha vaciado de sentimiento, el enamoramiento se convierte en difuso apego, pero existe la necesidad de decirlo porque produce alivio. Un engaño entre dos construido que deja vivir y respirar. Consuela tener un testigo de tu vida. 


Conclusión: Nunca des lo que no te piden. Si no lo necesitan, no van a querer usarlo. Y si lo das con toda tu buena intención, lo usarán por decencia y enseguida comenzarán a detestarlo. Eso si no lo tiran directamente a la basura. O si no se lo dan a otro. No olvidemos que la decencia y la educación no abundan en los días que vivimos.


¡Lástima que el amor no sea intercambiable! “¿Que me quieres? Ya, pero es que no me hace ninguna falta. ¿Por qué mejor no quieres a mi amiga Fulanita, que está muy falta de amor?”. El ser humano siempre ansía lo difícil de conseguir. Si quieres a alguien y quieres hacerle feliz, no se lo digas. Hay mil maneras de verlo y de comprobarlo antes que oírlo. El querido se sabe querido sin que se lo digan. El amor se ve, se nota, se siente. Mejor no lo digas, y si quieres experimentar ese espléndido estado de alborozo hormonal, cruza los dedos para no oírlo, incluso de alguien que te ame en secreto. Ansía, anhela, espera, sueña: una vez lo tengas… ya sabes: te fijarás un nuevo objetivo. Mientras ni lo digas ni te lo digan, aún podrás disfrutar.

lunes, 11 de abril de 2011

El premio de las 7 anécdotas


Ya sabéis que se me dan fatal las introducciones, en seguida me voy por los cerros de Úbeda y me pierdo. Así que como el título es bastante descriptivo, me voy a limitar a decir que la Doctora Anchoa me ha pasado el testigo y empiezo:

1- Me da grima morder tela. Deshacer un nudo con los dientes es algo inconcebible para mí. Cuando hay algún cordón demasiado apretado, la solución siempre es cortar. De pensarlo tengo los pelos de punta...

2- ODIO que me toquen las rodillas. Si alguien se atreve a rozarlas, por suave o cariñoso que sea el acercamiento intencionado o no, mi reacción es violenta y desmedida. Puede morir.

3- Me encantan los rasgos femeninos y sensuales, pero soy demasiado vaga para dedicarme tiempo a serlo. Tengo una colección enorme de ropa, zapatos, maquillaje y bisutería en varios armarios y siempre acabo poniéndome los mismos vaqueros y las deportivas cochambrosas, con el pelo recogido en una coleta y la cara lavada.

4- Saqué todos mis estudios haciendo chuletas. Luego no las utilizaba, pero me daban una seguridad para afrontar el examen que era imprescindible. Qué se le va a hacer.

5- En realidad, no soy tan desastrosa como me vendo. Tengo una vida completamente normal y corrientucha. Mi forma de pensar y ver el mundo no se aleja de la de cualquiera de vosotros (o eso creo), pero me aterroriza el hecho de no sentirme especial.

6- Cuando me comparo con la gente de mi entorno, me siento tremendamente extraña. Las mujeres de mi edad, sexo, raza y estatus socioeconómico que teóricamente deberían ser mis semejantes, no podrían resultarme más diferentes. Y esto no me hace sentir especial, sino fuera de lugar y sola. Y eso también me aterroriza.

7- Vistos los dos últimos puntos... quizá en el fondo sí sea algo paranoica.


Aquí está mi pedazo de premio, que he confeccionado con mi gradiosa habilidad del Paint.



Y ahora toca lanzar mis nominaciones. No lo toméis como algo personal, nominaré en riguroso orden de comentario: José Antonio (aunque no te guste), Patitiesa, Malena, Aquella Chica, Arena, El chico de la Consuelo y Ene.

jueves, 7 de abril de 2011

De cómo llegué a ser una mujer trabajadora (de nuevo)

Era agosto de 2010, un día de esos en que hace tanto calor que si sacas la sartén por la ventana puedes hacerte una tortilla.

Mi familia estaba en la casita de la playa, tomando el sol y haciendo barbacoas al aire libre en plan tribu de los Brady. Todo ese aire bucólico a mí me hastiaba después de mis desventuras amorosas y yo había optado por pasar el verano haciendo mi propia versión lastimera de Eva María, quedándome en la ciudad donde pudiera tener internet bien cerca para fustigarme con imágenes del susodicho saliendo de fiesta y cortejando nuevas víctimas. Después de las fases de espera ilusionada-victimismo-depresión-convalecencia y unas cuantas semanas de castigo, llegó la fase de promiscuidad despiporre y alcoholismo previos al contacto definitivo con la realidad. De esta etapa no estoy especialmente orgullosa, pero tampoco me avergüenzo porque ha sido imprescindible para volverme a colocar los pies en el suelo, el corazón en el pecho y la cabeza sobre los hombros. Y porque entonces apareció él, dando un vuelco a mi vida y llenando de ilusión los rincones de desesperanza. A lo que iba, que es la historia de cómo volví al mundo laboral: Con la repentina confianza que otorga amanecer unos cuantos días junto a alguien, Pasteloso se tomó la libertad de registrar las despensas de mi casa y tras confirmar que no podía seguir sobreviviendo a base de galletas y espaguetis durante toda la ausencia estival de mis padres, me obligó a bajar al súper para reponer víveres. Era urgente hacer la compra y yo lo sabía, pero salir a la calle en pleno agosto significa exponerte a una muerte agónica por combustión espontánea. Sientes el sol asarte los pulmones al vapor cada vez que inspiras. Mi razonamiento incuestionable era que mejor morir de hambre que a la papillotte. Pasteloso me sacó de casa cogida de la oreja y con una lista de la compra nos fuimos al Mercadona más cercano. Estando en la cola de la caja, sonó mi móvil:


- Hola, ¿es ud. la señorita Paranoica?


- Sí, soy yo.


- La llamo del Valle de los Reyes, tenemos aquí su currículum y estamos interesados en hacerle una entrevista de trabajo mañana por la mañana.


En ese momento entré en shock confusional. En menos de dos meses había hecho cuatro entrevistas de trabajo para tres empresas diferentes (una clínica de fertilidad, un centro de estética y una cadena de geriátricos) y yo no había echado candidatura para ninguna de ellas. No entendía el repentino interés del mundo laboral hacia mi persona ahora que yo pasaba de incorporarme a él. Obviamente como no me interesaba lo más mínimo no encajaba en el perfil , no me cogieron para ninguno de los puestos ofertados... ¿El Valle de los Reyes? ¿otra vez? Ya hice una entrevista para esas residencias hace apenas un mes y ¿ahora me vuelven a llamar? ¿qué quieren? Me quedé mirando a Pasteloso con cara de estar más perdida que un pulpo en un garaje.


- Es de una residencia de viejos, para una entrevista de trabajo mañana.


- ¿Tienes algo que hacer?


- No.


- ¿Entonces?


- No quiero trabajar allí, odio comerme marrones y pagan una mierda. Es verano y me llamarán pronto de la pública.


- No seas tonta, haz la entrevista y si te llaman de otro sitio siempre estás a tiempo de rechazar.


- ...


Caprichos del destino, la noche anterior habíamos estado hablando de que la convivencia con su anterior pareja había fracasado porque ella estaba estudiando y se negaba a trabajar dentro y fuera de casa. Así que en un alarde de madurez, acepté aquella entrevista para un puesto de trabajo que no me motivaba en absoluto para impresionar a un hombre.


Respecto al trabajo, no me equivoqué y es una mierda, pero al menos tengo un sueldo al final de mes y teniendo en cuenta cómo están las cosas ya puedo darme con un canto en los dientes. De las maravillas del Valle de los Reyes ya os hablaré otro día.


Como conclusión final, es curioso que de lo jodida que puede llegar a quedarse una al verse de un plumazo sin casa, sin trabajo y sin novio, lo más notorio sea esto último. Estar en el paro y volver a parasitar la casa de mis padres cual nini me traía sin cuidado, pero no tener pareja me atormentaba de una forma que ahora mismo no soy capaz de explicar. Más tarde descubriría que a mi bruja ese orden de preferencias se la traía al pairo.


Para resolver el misterio de las entrevistas fantasma, debo confesar que estaba tan obsesionada y deprimida en mi falsa soledad que no me di cuenta de cómo mi familia estaba luchando por ayudarme a resolver mi situación. Mi bruja había decidido coger las riendas y pasaba mis meses de autocompasión bombardeando a todas las empresas del país con mi curriculum. Y claro, de alguna me tenían que llamar.


Dadle a una madre un país en crisis y sentaos a observar.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Sigo viva


He vuelto!

Gracias por los aplausos, yo también os echaba de menos, snif...

Vale, a ver, esos dos del fondo que están enfurruñados porque se empezaban a hacer ilusiones de que no volvería se pueden marchar ya, que internet es grande y hay muchos sitios donde perderse gratis como para venir a alegrarse de las desgracias de una.

Suponiendo que soy importante y alguien se haya dado cuenta de que no estaba, alguno se habrá preguntado el por qué de mi ausencia. Pues bien, como me dispongo a contar en las próximas entradas póstumas (por la fecha, ya caducaditas), he estado algo atareada y no he tenido momentos ociosos acompañados de inspiración suficiente para postear con dignidad. Ojo, que sí os he leído, pero lo de escribir ya es más complicado.

Y no es precisamente porque no me hayan sucedido cosas anecdóticas, pero no encuentro forma de redactarlo suficientemente amena como para que quede interesante o digno de ser leído. Es como con los chistes, hay quien tiene gracia para contarlos y hay persona que ya puedes darle el mejor chiste del mundo que nada, no hace reír ni al cuñao.

La verdad, me da mucha pena ver el blog tan abandonaíco, pero ya he vuelto y espero quedarme...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Planificando ando


Dentro de muy poquito es mi cumpleaños.

Me caen 23 otoños, cosa que ya me pone los pelos de punta porque empiezo a mirar mi adolescencia desde lejos, muy lejos, y me obliga a mirar hacia una adultez que se acerca a toda velocidad. Da un pelín de vértigo imaginarme pidiendo una hipoteca, comprando pañales y haciendo cálculos para llegar a fin de mes. Pero en fin, el tema del post no es ese. Quiero pediros un poquito de ayuda.
He tenido veintidós ocasiones en las que supuestamente debería haber celebrado el aniversario de mi nacimiento. Mi primer cumple, teniendo en cuenta que soy el primer infante de mi árbol familiar debió ser un fiestón al nivel de las orgías romanas, pero de los primeros cinco años de mi vida poco puedo recordar. Los cinco siguientes aniversarios fue mi bruja la que organizó todo y sinceramente, las pocas fiestas que recuerdo no me dejan buen sabor de boca. Cuando cumplí 9 años mi bruja organizó una pequeña fiesta en el bar del colegio, a la que estaban invitados los niños de mi clase cuyas madres le caían bien. Teniendo en cuenta que sólo tenía dos amigas y ninguna estaba invitada (una es huérfana y la otra hija de padres divorciados) pasé la fiesta sola sentada en un rincón. Además, mi bruja me obligó a ponerme un jersey color salmón muy de princesa, ideal para una niña de mi edad, pero que era de lana y picaba como si hubiera estado hecho de ortigas. A partir de los 10 años, mi bruja consideraba que ya éramos niñas grandes y el cumpleaños dejaba de ser un acto social para celebrarse en casa, tomando té y pastitas. Al principio mi abuela me regalaba el típico pongo, hasta que descubrió que mis caras de asco e indiferencia al recibir el regalo no compensaban y abandonó la práctica.

Entre mi carácter asocial y mi mal regalar, mi cumpleaños pasó a ser una simple anécdota que dura 24 horas y se olvida hasta el año siguiente. Mi padre ausente sintió alivio por no tener que recordar la fecha (ni mi edad). Y yo tan contenta.

Cuando cumplí 18 años, con la neura de que iba a ser mayor de edad y eso mola trillones, intenté organizar una cena por mi cuenta en el garaje de mi pueblo, en noviembre. Obviamente mis padres alejaron la estufa de gas del puñado de adolescentes alcoholizados para evitar salir en los noticiarios y pasamos un frío de narices. Como entonces no pesaba ni 50 kg y mi sistema inmunológico estaba en huelga, cogí un gripazo que me duró hasta navidades.

Con esos antecedentes podéis imaginar que dejé de celebrar mi cumple. El día D simplemente se diferencia del resto en que algún amigo y diversas entidades bancarias me envian un sms felicitándome. Sin embargo, como recientemente he retomado el contacto con mis amigas y Pasteloso me hace feliz, estoy con el humor suficientemente alto como para tener ganas de organizar algún tipo de celebración social. Pero se me ha olvidado cómo se hace. Es decir, creo que nunca he sabido qué narices hay que hacer para organizar un acto de este tipo. Es más, he asistido a tan pocos que podría contarlo con una mano, así que ni siquiera puedo copiarme.

¿Alguna idea?
Premisas a tener en cuenta:
- Tiempo de planificación inferior a una semana.
- Invitados entre los 18 y los 28 años.
- Uno de ellos con pierna escayolada.
- Una embarazada.
- Una madre de niño pequeño.
- Varias parejas.
- Varias golfas con tendencias etílicas de las que no me
gustaría hacerme cargo.

- Limitación económica moderada-seria.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Justificante de ausencia

Soy feliz.

Jodidamente pletórica. Ha llegado alguien especial a mi vida (por fin, pero eso da igual) y he dejado de destilar ácido por mis poros para empezar a segregar una melaza de dulzor insoportable. Esta felicidad eclipsa mis ataques de rabia contra el mundo y me resta inspiración para escribir entradas, de ahí mi prolongada ausencia bloguera. Normalmente sólo escribo del tirón, cuando algo me cabrea o me molesta especialmente, en un arranque de ira letal y desahogo. Eso de hacer borradores y pensar en nuevos temas de forma ordenada y que resulte interesante de seguir parece ser que no es lo mío; creed que lo he intentado, porque tener tan abandonaíto
el blog después de sólo unos pocos meses me parece una muestra más de mi ya conocida falta de constancia y eso me repatea.

Ante el yermo septiembre bloguero, he de asumir que se me está estropeando el cerebro de tanta endorfina y estoy comenzando a odiarme. Tanto alborozo y cómodo optimismo hace que se me oxiden las neuronas. Para que me entendáis, es como si a Bender le cambiasen la cerveza por mermelada de frambuesa. Empalagoso, ¿verdad? Aunque creo que los no-frikis seguiréis sin entenderme... pero podéis haceros una idea.

Comprended que quiera ahorraros tamaño sufrimiento.

Mañana escribiré más, pero advertidos quedáis del escaso interés del contenido.
No quiero lágrimas, que se me corre el rímel.


jueves, 16 de septiembre de 2010

En celo


Estoy cachonda perdida.

Salida, verraca, hirviente, palpitante, en ebullición, acalorada, lujuriosa, lasciva, calenturienta, con la libido por las nubes.

Estás en la oficina, asomas detrás del monitor de tu ordenador y yo te observo atrincherada desde mi mesa de trabajo mientras escribo esta entrada, dedicada a ti con toda la efusividad que me proporciona el subidón hormonal.

No alcanzo a comprender por qué estoy tan alterada. Estoy en el día 25 de mi ciclo y en lugar de ser una amargada víctima del síndrome premenstrual, soy mártir de mi furor uterino. Me conozco, soy consciente de mi hipersensibilidad sexual, pero lo de hoy juro que es exagerado. Debe ser tu olor, esa mezcla entre Le male y tus propias feromonas. Estoy inquieta, necesito mantenerme ocupada para despejar mi mente o acabaré saltando sobre ti... Y aún quedan cuatro horas compartiendo despacho.

Te veo comunicándote con el jefe supremo a través de Skype para intentar cuadrar un presupuesto de tarjetas mágicas. Tu cara de concentración, frunciendo ligeramente el ceño, me parece de lo más sexy y varonil. Todo ese vocabulario administrativo saliendo de tus labios, con la entonación chulesca que te da saber que eres el mejor en tu trabajo me resulta arrebatador. Estoy pasmada ante tamaña demostración de seguridad en uno mismo. Intento no mirar, concentrada en mi portátil, pero resoplas y alzo la vista. Algo se tuerce en la hoja de cálculo y te muerdes el labio inferior en un gesto exageradamente morboso. Acabo de descubrir que me pone mucho el rollo ejecutivo agresivo. Estoy a un paso de estallar en llamas. Mejor voy al baño a refrescarme.

Encerrada en el lavabo, me sorprendo a mí misma con un manantial de fluidos entre las piernas y una lluvia de ideas obscenas entre las sienes. No sé qué hacer con mis manos. Parece mentira lo evocador que resulta todo para mi imaginación cuando no la domino. Si no salgo pronto de aquí acabaré cayendo en el onanismo. Mejor vuelvo a mi trinchera.

Sigo comiéndote con los ojos, analizando cada uno de tus movimientos para guardarte en mi memoria y conseguir reproducirte fielmente en mi cabeza en mis ratos ociosos. Con unas manos desproporcionadas y esos dedos infinitos, verte acariciar la rueda del ratón es altamente provocador. Nunca había caído en ese paralelismo de formas y movimientos, pero al parecer un tal Andy Kurovets sí. No puedo evitar verme tendida en tu escritorio, sustituyendo el teclado por mi cuerpo. Sus vocales por mi boca y su barra espaciadora por tu barra en mi espacio. Joder...

Me revuelvo en mi silla. Intento cambiar de postura con tal de calmarme un poco pero mi scroll está demasiado demandante, rozándose entre mis muslos y el asiento. Necesito una ducha fría YA. Hay que levantarse. Me paseo hasta el termostato y lo bajo un par de grados, a ver si somatizo un poco el descenso de temperatura. No puedo evitar volverme al pasar frente a tu escritorio y tus ojos se encuentran con los míos en un cruce de miradas incendiarias. Relax, sólo queda una hora y podré soportarlo.

Entro de nuevo en el lavabo, me lavo la cara y me refresco con algo de agua porque esto no puede ser. Entonces ocurre. Llegas al cuarto de baño y me ves ahí haciendo tiempo, con las manos apoyadas en la pila y mirándome en el espejo el maquillaje corrido y el pelo humedecido. Mi mente hace una rápida reproducción de fotogramas lascivos mientras yo encajo que me estés viendo con semejante aspecto. Sacas tu Blackberry del bolsillo del pantalón y la dejas caer sobre el mármol. Me coges desde atrás y acercas tu cuerpo al mío, con tus manos sobre mis caderas. Observo anonadada cómo acercas tu boca a mi oído y, a cámara lenta, se abre para decir algo. Alta tensión.

- Estoy esperando la llamada de un cliente. Tienes de tiempo hasta que suene el móvil.
- Pensé que hoy no caerías.
- Contigo siempre caigo.

Me doy la vuelta y voy comiéndote la boca mientras me levantas a horcajadas para sentarme sobre el mármol. Te arranco la camisa en un suspiro y mientras devoro cada centímetro de tu torso desnudo, arremangas mi falda hasta acceder donde te place.

Besos, piel, respiración agitada, erección, guerra de sexos, jadeos, piel, embestidas, humedad, mordiscos, sudor, placer, gemidos... Me esfuerzo por mantener un nivel acústico aceptable. Tacto, más piel, deseo, fuerza, sublimación. Eres un experto en la lectura braille de mi cuerpo. A partir de aquí, inenarrable.

Cuando recupero la consciencia, analizo los daños.

En algún momento de éxtasis he roto el espejo del baño.
Necesito ropa interior nueva, o al menos seca.
Mi ombligo inundado de ti me obliga a hacer malabarismos para limpiar tu rastro de mi vientre.
Te marchas con mis uñas tatuadas en la espalda y el deseo chispeando en tu mirada.

Sé que habrá más.

Como alguien dijo: Se te va a secar el cerebro a través de la polla, de tantas pajas pensando en ella... déjalo ya!

lunes, 19 de julio de 2010

Me siento culpable de sentirme culpable

Hasta el momento, he tenido contacto sexual con 12 hombres en toda mi vida. Teniendo en cuenta que durante 15 años fui virgen y después pasé otros 7 en dos relaciones de pareja, la decena de amantes que queda se me apelotona a razón de uno al mes. Y generalmente, llegan con la intención de quedarse. Por suerte para mi hedonitis crónica algunos son geográficamente inaccesibles y la mayoría pésimos amantes. No se me amontonan.

Soy una persona sexualmente liberada y de mente muy abierta, pero de conciencia condicionada a la monogamia por dos motivos: experiencia laboral y presión social. Si os preguntáis por qué mi trabajo condiciona mi vida sexual, seguro que a vosotros trabajar en una planta de Urología una temporada también os haría pensar muy mucho sobre la probabilidad estadísticamente aterradora de que algún desgraciado te contagie cualquier mierda. Aún usando preservativo. La vida real no es "Anatomía de Grey".

Respecto a la presión social, las mujeres somos así de estúpidas. Nos dijeron que debe haber algo más allá del furor uterino para entregarnos -entregarnos, ¡qué bonito! te ofrezco mi entrepierna envuelta en papel de regalo- y nosotras fingimos que nos lo creemos porque existe ese hombre ideal que merece tu reserva. Entonces llega el día en que descubres que no existe el príncipe azul y tú necesitas follar igualmente. Eso pesa en tu absurda conciencia y te hace sentir mal, sucia, rara, incomprendida y sola.

Por si toda esa maraña de sentimientos no fuese suficiente, ahora está de moda el libertinaje. Como buena moda, hay que seguirla para estar al día y encima nos tiene que gustar. Así que como soy una mujer moderna, me subo al carro de follarme a todo lo que se mueve y ¡oh, sorpresa! al mogollón de sensaciones se unen dos perlas más: te sientes utilizada y culpable. Y si te pareces un poco a mí, te sientes culpable de sentirte culpable por hacer lo que te apetece.

No sé qué pasará por las cabezas de las demás féminas, pero yo dedico bastante tiempo a buscar una explicación racional sobre qué es lo que me hace sentir pesar cuando el subidón del orgasmo desaparece y veo quién está en mi cama, porque no sucede siempre.

Hace poco pensé que muerto el perro, se acabó la rabia e intenté eliminar ese "quién" sustituyéndolo por "algo" pero han sido los 62 € peor invertidos de mi vida. Hombres del mundo, no temáis a la tecnología sexual. Por muy mal amante que seas, un ser humano es muchísimo mejor que el aparato más sofisticado que inventen los de Fun factory. Curioso que la empresa sea ale-manita, ¿no?

Volviendo a mi sentimiento de culpa, sé que tiene poco o nada que ver con el vínculo sentimental que me una al afectado. En ocasiones he llegado a sentirme tan cosificada por mis novios como por los desconocidos de un sólo polvo. Del mismo modo he estado igual de felizmente pletórica después de una noche haciendo el amor, que después de una buena follada en una noche etílica.

Una vez una bellísima persona me dijo que cuando tenga dudas sobre mis actos, piense cómo me harán sentir las consecuencias a los tres días. Lo que pasa es que yo soy incapaz de predecirme a mí misma y acabo haciendo lo que me apetece en ese instante, que dada mi pasmosa capacidad para la autoflagelación obviamente no siempre es lo mejor para mi salud mental.

En el fondo, creo que lo que me hace sentir mal es que me mientan. No soporto las mentiras. Para mí es absolutamente desquiciante que un tío que sólo quiere llevarme a la cama trate de camelarme diciendo que soy la mujer de su vida. Y se ve que esto es la norma hoy en día. Por si eso no fuera suficiente, cuando te quitas de encima (o de abajo) al lobo disfrazado de cordero te suelta eso de que al menos siempre quedará la amistad. Pero vamos a ver ¿qué amistad? ¿tú eres gilipollas?

También estoy convencida de que los hombres van de románticos porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia la entrepierna de las mujeres. Mujeres que se hacen las estrechas porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia los hombres adecuados. Hombres que se suponen adecuados pero no lo son. Y en este adorable círculo vicioso de suposiciones hay mucho corazón desvencijado y mucha ilusión perdida.


Respecto a mí, trece es un número precioso y me encantaría que el afortunado decimotercero me diese motivos suficientes para que no haya necesidad de un decimocuarto. Aunque pensé lo mismo del primero, del segundo y del tercero...

Llamadme ilusa.

domingo, 18 de julio de 2010

Tipos de pareja

En uno de mis ratos ociosos en los que mi avidez intelectual se nutre de Google y Wikipedia, he encontrado un artículo de una psicóloga chilena que define cuatro tipos de pareja según sus roles:

- LA ESPOSA ENAMORADA Y EL MARIDO FRÍO
- EL MARIDO BONACHÓN Y LA ESPOSA INFANTIL
- LOS “NI CONTIGO NI SIN TI”
- LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO

Esta última etiqueta me ha llamado la atención, porque mi propia madre me ha repetido hasta la saciedad que parezco la madre de mis novios. Ella lo dice porque me gustan los hombres delgados y yo soy más bien hermosa, pero obviando la apariencia física, sé que soy una acaparadora con mis parejas y eso encaja perfectamente en el rol de madre. He aquí el análisis.

"LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO (EL CUIDADOR Y EL ENFERMO)
Cuando se elige este tipo de pareja, el marido busca a alguien que lo cuide y lo regalonee como una madre y ella busca a alguien de quien preocuparse, cuidar y salvar. Ambos están de acuerdo en que ella será la madre y él se comportará como hijo. Él aparece como un hombre
cariñoso, más bien dependiente y poco competitivo y ella aparece como humilde, sin exigencias y con gran capacidad de sacrificio. Las mujeres suelen pertenecer a las profesiones “auxiliadoras” como las asistentes sociales, las enfermeras y los profesionales de la salud o “mujeres adictas a la relación” (Norwood, 1987).
Al comienzo, él desea ser acogido, protegido y cuidado por su esposa y ella está motivada a entregarle todo el cuidado que necesite, además de sentirse muy bien por hacerlo. Ella no desea nada y sólo espera ser compensada con el agradecimiento de su marido. Más profundamente, se trata de personas que se consideran poco queridas; él está tan necesitado de consideración y cuidado que se niega a ayudar y proteger a su pareja y ella compensa sus
temores de no ser querida y de ser abandonada emparejándose con un hombre que dependa de sus cuidados.
El conflicto sobreviene cuando él se niega a entregar reconocimiento por los servicios prestados por ella; cuando él aumenta las exigencias y/o cuando ella comienza a sentirse sobrecargada, agotada y comienza a desear o envidiar la situación que él vive. Ella sentirá envidia y celos por la dedicación y el cuidado que él recibe por parte de ella, y él se llena de sentimientos de culpabilidad y de rabia pasiva.
A mayor queja de ella mayor pasividad de él.
Este tipo de dinámica se da en las parejas en que hay un miembro adicto, en la cual ella asume el control de la familia, lo protege y siente que si lo deja él muere. La adicción del cónyuge le sirve para validarse en su indispensabilidad. Este tipo de pareja suele consultar cuando ella se ha aburrido o deprimido o cuando él se siente desautorizado o maltratado por ella. También consultan por infidelidad de él, lo que provoca fuertes sentimientos de traición en la mujer. Algunas veces cuando él alcanza autonomía económica busca otra mujer que esté libre para cuidar de él. Cuando la consulta es por dificultades sexuales, es por frigidez de ella o por inhibición sexual o eyaculación precoz de él. El conflicto suele aparecer después del nacimiento del primer hijo o cuando los hijos son adolescentes.

En relación a los objetivos terapéuticos es importante que ella se dé cuenta que la dependencia hacia él no es distinta, en lo absoluto, de la que él tiene con ella. Es necesario que él aprenda a desempeñar funciones de cuidador hacia ella y ella aprenda a sentirse vulnerable y pueda ser capaz de necesitar y recibir ayuda. Suele ser importante, a través de distintas técnicas, bloquear las conductas de control y protección de ella hacia él y ayudarlo a él a hacerse cargo de las responsabilidades que corresponden al desempeño de su rol."

Me pregunto cuáles serán esas técnicas. Tendré que replantearme lo de visitar a un loquero. Aunque conociéndome es más probable que estudie la Licenciatura en psicología para resolverme a mí misma. Ir a un psicólogo sería como pedir ayuda. Y eso me convierte en vulnerable.

http://www.terapiafamiliar.cl/web/UserFiles/File/Tipos_de_pareja_y_objetivos.pdf

sábado, 17 de julio de 2010

Las medias tintas

Tengo un problema con los puntos medios.

Para mí la vida es en blanco y negro, no existe la escala de grises, difuminados y sombreados absurdos. Como dicen en mi tierra: "Animalà o res". Vivo en una dicotomía constante.

En mi alimentación:
Si estoy a régimen, me alimento de agua y lechuga. Sin aliños. Sólo cuento calorías y mastico.
Si no lo estoy, me inflo a comida basura. Cualquier cosa con un envase de colores y muchos E-XXX en su composición es válida. Con mucha sal y muchas grasas trans.

En mi aseo personal:
Si estoy en plan dejada, una ducha a la semana y el mismo pijama pestilente son perfectamente válidos. Depilarse es considerado sacrilegio en esas etapas.
Si me entra la vena presumida, la sesión de chapa y pintura puede durar entre 1 y 5 horas sólo para ir a comprar el pan.

En mi avidez intelectual:
Si me obsesiono por cualquier tema, en una semana llegaré a acumular tal cantidad de información sobre ello que podría asesorar a los mayores expertos a nivel mundial. Puedes preguntarme lo que quieras sobre diabetes, gatos y sexo.
Si he de estudiar algo en concreto por obligación, leeré lo justo para conseguir hacerme una chuleta y aprobar. Por eso suspendí matemáticas toda la vida.

En mis amistades:
Si te has ganado mi confianza, te informo cada 5 minutos de los cambios en mi vida, te pregunto sobre cualquier decisión y tengo tu opinión en cuenta en todos mis actos. Doy mi vida por ti.
Si eres de los que sólo están cuando las cosas van bien, la única palabra que te dedico es "hola" y sólo si me resulta imposible fingir que no te he visto. La hipocresía se me atraganta.

En mi trabajo:
Si tengo un buen equipo médico, me anticipo y rozo el intrusismo profesional. De cara al paciente, me mantengo en un segundo plano y el mérito es de todos.
Si se han comprado el título sin merecerlo y esperan que los admire como seres superiores por ser enfermera, me limitaré a ser todo lo inútil que ellos esperan que sea. Amén por los pacientes.

En mis relaciones con los hombres:
Si estoy realmente interesada en alguien, sólo existe esa persona en el mundo hasta que me abandone. Ya comenté sobre esto.
Si sé que sólo es sexo, me valdrá con saber su teléfono y disponibilidad horaria. Cuanto menos sepa de él, mejor para mi salud mental. Conocer su nombre es por cortesía, no por gusto.


Mierda, estoy pensando demasiado sobre este último punto. Me cabrea mi relación con el mundo masculino. Mañana caerá otro post.

Mi neurosis y mi ciclotimia no ayudan en esto.
Soy altamente inestable para todo.

...un desastre.

Esperando

Estoy segura de que tengo muchos defectos, pero hay tres de los que soy perfectamente consciente. Virtudes de las que carezco por completo.

No tengo paciencia. Lo quiero YA. Esperar es un mal que no sé soportar. Por eso no me gustan los perros, ni los niños. Odio la gente que no responde a los sms. Siempre llego tarde a propósito porque si he de esperar a los demás, acabo marchándome sola.

No sé lo que es la fuerza de voluntad. Lo quiero FÁCIL. Soy genéticamente incapaz de hacer dieta y físicamente inválida para la abstinencia sexual. Me resulta imposible renunciar, sacrificar o posponer las cosas que me agradan. Soy una adicta a la serotonina fácil. El día que una misma persona sea capaz de darme chocolate y orgasmos, seré suya.

Desconozco la constancia. Lo quiero TODO. Soy una veleta (o como diría mi madre, un culo inquieto). No me malentendáis, por supuesto que tengo metas y objetivos en la vida. Mi problema es que son tantos que no sé en qué dirección focalizar mis fuerzas cuando las metas están en direcciones opuestas. Al final, acabo por no emprender ningún proyecto porque sé que no los terminaré.

Afortunadamente, para compensar tanto hueco virtual (entendiendo virtual como relativo a la virtud) me dieron una triple dosis compensatoria: Soy testaruda, obstinada y terca.

Siempre tengo razón, aunque no la tenga.

El problema es que me encanta llevar la contraria.

El día que veais mi esquela anunciando una muerte anticipada, probablemente es que alguien me dijo que no sería capaz de suicidarme.
Basta que me digan que no puedo hacer algo para que quiera.
Y siempre lo consigo.

martes, 29 de junio de 2010

Sobre la mala memoria

Tengo un problema serio con el funcionamiento de mis neuronas.

Si no me queda papel higiénico será imposible para mi recordar que tengo que comprarlo, con el desastre que eso implica la próxima vez que haya que visitar al señor Roca.

Sin embargo, cuando me interesa un tipo soy capaz de guardar un montón de información inútil en un tiempo récord. Con un mes me basta para que en mi cabeza haya datos como su nombre completo, color de ojos, estatura exacta, fecha de nacimiento y horóscopo, profesión actual y anteriores, qué ropa llevaba el día que nos conocimos, número de calzado, dirección postal y de msn, nombre de familiares y amigos cercanos, canciones favoritas, aspiraciones en la vida, aficiones, horario de trabajo, modelo de coche y matrícula, número de teléfono, estilo en el vestir, cómo besa, cómo coge el cubierto al comer, qué calzoncillos llevaba la última vez que nos acostamos (y otros detalles sexuales), todas las cursilerías que dijo para camelarme y todas las excusas que inventó para abandonarme.

Cuando lo único que quieres saber de esa persona es que estaría mejor muerta, tener buena memoria es una putada. Solamente hay una cosa equiparable a la agonía de sus recuerdos: su olor entre mis sábanas.

Pero para el cerebro no hay lavadora.

viernes, 25 de junio de 2010

Así explotó mi burbuja

"Yo siempre he tenido mucha suerte en el amor, no sé lo que es estar soltera."

Maldito el día en que dije esa frase. El encargado de gestionar el kharma sentimental en el Universo pensó que no era justo y me maldijo. Eso, o que las amenazas de las cadenas de e-mail son reales.

Después de una relación de cuatro años que llevaba 3 agonizando, decidimos que para seguir mirándonos con asco mejor cada uno volvía a casa de sus padres y nos ahorrábamos el alquiler. El problema es que gracias a mi "suerte en el amor", yo no había estado soltera desde el año 2002. El 14 de Febrero entré oficialmente en el mundo de la soltería y me di cuenta de que no sé estar sola. Sí, el día de San Valentín todo el mundo rezumaba amor por cada uno de sus poros y yo sólo lloraba con la cabeza debajo de las mantas y pidiéndole a Cupido cambiase el arco por una AK 47, a ver si había suerte y moría.

Además, tuve la fortuna de quedarme en paro. Así podía dedicarme 24h a la autocompasión, sin que me interrumpiera la jornada laboral. Las alegrías vienen juntas.

Después de unas semanas de agonía y culpa, decidí sacar la cabeza de debajo de las sábanas, observé mi habitación tapizada de pañuelos con lágrimas y mocos. Si seguía así, nos íbamos a quedar sin árboles en el mundo.

Retomé el contacto con mis hamijas (mi definición de este término ya ocupará un post algún día) y me di a la mala vida. Yo, que no había salido de fiesta ni en mi época universitaria, empecé a emborracharme jueves, viernes y sábado de todas las semanas.

Desde entonces mi tiempo libre alterna tres actividades: la embriaguez, dormir e internet.

Mi basura nace en los periodos de embriaguez pero se alimenta, crece y reproduce en mis ratos en la red. Menos mal que fui bendecida con la capacidad de dormir 10 horas al día.