jueves, 16 de septiembre de 2010

En celo


Estoy cachonda perdida.

Salida, verraca, hirviente, palpitante, en ebullición, acalorada, lujuriosa, lasciva, calenturienta, con la libido por las nubes.

Estás en la oficina, asomas detrás del monitor de tu ordenador y yo te observo atrincherada desde mi mesa de trabajo mientras escribo esta entrada, dedicada a ti con toda la efusividad que me proporciona el subidón hormonal.

No alcanzo a comprender por qué estoy tan alterada. Estoy en el día 25 de mi ciclo y en lugar de ser una amargada víctima del síndrome premenstrual, soy mártir de mi furor uterino. Me conozco, soy consciente de mi hipersensibilidad sexual, pero lo de hoy juro que es exagerado. Debe ser tu olor, esa mezcla entre Le male y tus propias feromonas. Estoy inquieta, necesito mantenerme ocupada para despejar mi mente o acabaré saltando sobre ti... Y aún quedan cuatro horas compartiendo despacho.

Te veo comunicándote con el jefe supremo a través de Skype para intentar cuadrar un presupuesto de tarjetas mágicas. Tu cara de concentración, frunciendo ligeramente el ceño, me parece de lo más sexy y varonil. Todo ese vocabulario administrativo saliendo de tus labios, con la entonación chulesca que te da saber que eres el mejor en tu trabajo me resulta arrebatador. Estoy pasmada ante tamaña demostración de seguridad en uno mismo. Intento no mirar, concentrada en mi portátil, pero resoplas y alzo la vista. Algo se tuerce en la hoja de cálculo y te muerdes el labio inferior en un gesto exageradamente morboso. Acabo de descubrir que me pone mucho el rollo ejecutivo agresivo. Estoy a un paso de estallar en llamas. Mejor voy al baño a refrescarme.

Encerrada en el lavabo, me sorprendo a mí misma con un manantial de fluidos entre las piernas y una lluvia de ideas obscenas entre las sienes. No sé qué hacer con mis manos. Parece mentira lo evocador que resulta todo para mi imaginación cuando no la domino. Si no salgo pronto de aquí acabaré cayendo en el onanismo. Mejor vuelvo a mi trinchera.

Sigo comiéndote con los ojos, analizando cada uno de tus movimientos para guardarte en mi memoria y conseguir reproducirte fielmente en mi cabeza en mis ratos ociosos. Con unas manos desproporcionadas y esos dedos infinitos, verte acariciar la rueda del ratón es altamente provocador. Nunca había caído en ese paralelismo de formas y movimientos, pero al parecer un tal Andy Kurovets sí. No puedo evitar verme tendida en tu escritorio, sustituyendo el teclado por mi cuerpo. Sus vocales por mi boca y su barra espaciadora por tu barra en mi espacio. Joder...

Me revuelvo en mi silla. Intento cambiar de postura con tal de calmarme un poco pero mi scroll está demasiado demandante, rozándose entre mis muslos y el asiento. Necesito una ducha fría YA. Hay que levantarse. Me paseo hasta el termostato y lo bajo un par de grados, a ver si somatizo un poco el descenso de temperatura. No puedo evitar volverme al pasar frente a tu escritorio y tus ojos se encuentran con los míos en un cruce de miradas incendiarias. Relax, sólo queda una hora y podré soportarlo.

Entro de nuevo en el lavabo, me lavo la cara y me refresco con algo de agua porque esto no puede ser. Entonces ocurre. Llegas al cuarto de baño y me ves ahí haciendo tiempo, con las manos apoyadas en la pila y mirándome en el espejo el maquillaje corrido y el pelo humedecido. Mi mente hace una rápida reproducción de fotogramas lascivos mientras yo encajo que me estés viendo con semejante aspecto. Sacas tu Blackberry del bolsillo del pantalón y la dejas caer sobre el mármol. Me coges desde atrás y acercas tu cuerpo al mío, con tus manos sobre mis caderas. Observo anonadada cómo acercas tu boca a mi oído y, a cámara lenta, se abre para decir algo. Alta tensión.

- Estoy esperando la llamada de un cliente. Tienes de tiempo hasta que suene el móvil.
- Pensé que hoy no caerías.
- Contigo siempre caigo.

Me doy la vuelta y voy comiéndote la boca mientras me levantas a horcajadas para sentarme sobre el mármol. Te arranco la camisa en un suspiro y mientras devoro cada centímetro de tu torso desnudo, arremangas mi falda hasta acceder donde te place.

Besos, piel, respiración agitada, erección, guerra de sexos, jadeos, piel, embestidas, humedad, mordiscos, sudor, placer, gemidos... Me esfuerzo por mantener un nivel acústico aceptable. Tacto, más piel, deseo, fuerza, sublimación. Eres un experto en la lectura braille de mi cuerpo. A partir de aquí, inenarrable.

Cuando recupero la consciencia, analizo los daños.

En algún momento de éxtasis he roto el espejo del baño.
Necesito ropa interior nueva, o al menos seca.
Mi ombligo inundado de ti me obliga a hacer malabarismos para limpiar tu rastro de mi vientre.
Te marchas con mis uñas tatuadas en la espalda y el deseo chispeando en tu mirada.

Sé que habrá más.

Como alguien dijo: Se te va a secar el cerebro a través de la polla, de tantas pajas pensando en ella... déjalo ya!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Asco de vida

Hoy, un amigo me ha explicado por qué un tío que se lía con muchas es un crack mientras una tía que hace lo mismo es una guarra. Literalmente, me ha dicho "está claro: una llave que abre un montón de cerraduras es una llave maestra, pero una cerradura que se abre con cualquier llave es una mierda".

Visto en: www.ascodevida.com

domingo, 5 de septiembre de 2010

Las fiestas del pueblo


- Buenos días.
- ...nsdías
- ¿No tienes resaca?
- No. ¿Bebí mucho anoche?
- Sólo te faltó beberte la fuente del pueblo.
- No sería para tanto... ¿Cuántos cubatas me pagaste?
- Pagar, pagué cinco. A partir de ahí ibas bailando con la gente para robar copas ajenas.
- Jajaja mi famosa técnica de la bailarina furtiva. Algún día me partirán la cara por eso. ¿Fue muy descarado?
- Hubo un momento en que tenías dos cubatas en la mano, los miraste con cada de grata sorpresa, te bebiste uno de vodka rojo del tirón y seguiste bailando con el de whiskey.
- ¿Bebí whiskey?
- Cariño, ¡si a las 8 de la mañana estabas bebiendo cerveza porque no quedaba nada más!
- Joder, odio la cerveza...

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(Intentando vestirme frente al espejo)

- Me duele todo... ostras, ¿y este moratón?
- A partir de la quinta copa empezaste una serie de catastróficos intentos de domar al toro mecánico.
- ¿HABÍA UN TORO MECÁNICO?
- Claro. Por cierto, no sé si mostrabas más interés en montar al toro o al que manejaba los controles.
- Muy gracioso...
- ¿Gracioso yo? Gracioso el detalle de hacerlo delante de mis narices.
- Te quiero.
- Ya, claro ahora vienes conumsndeui... (reproche interrumpido por la irrupción de mi lengua en su boca)


Sexo de reconciliación.

Bis.


FIN


Nota personal de mis genitales para mi hígado: Eres un fuera de serie. Gracias por trabajar horas extra y librarnos de la resaca. Te recompensaremos con tu correspondiente ración de hormonas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Lo más bonito que había en la basura


Está tendida en el suelo, boca arriba, desnuda delante del ventilador. Hace muchísimo calor y cada uno se alivia como puede.

El soplido de las aspas acaricia su pelo y esparce su olor por toda la habitación. Nunca ha usado perfume, colonia, ni desodorante y su champú es el más barato de las tiendas. Es increíble que huela tan bien.

Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi. Salí a tirar la basura y me sobresalté al oír lo que parecía un llanto procedente de una de las bolsas que había junto al contenedor. Me acerqué algo nerviosa y aterrorizada ante la idea de que algún alma despiadada hubiera abandonado un bebé como si fuese un desperdicio más. Mi presentimiento no erró, me quedaba corta.
Desaté la bolsa y no podía creerlo, allí estaba ella con dos de sus hermanos. Estaban llorando, fríos y sucios. Tres pequeñas bolitas de pelo hambrientas, pidiendo el calor y el cariño que les habían arrebatado sin motivo. Los entré a casa a pesar de mi alergia y sabiendo que no podría quedarme con ellos. Me saltaron las lágrimas de la impotencia.

Nos costó mucho encontrar buenas personas que acogieran a los dos hermanitos que la acompañaban. Ella era la más menuda, blanca y fría como un copo de nieve. Se quedó sola en la caja de cartón y yo no pude resistirme a esos inmensos ojos azules que imploraban un poco de amor. Todos los que afirman que los gatos son ariscos lo dicen porque no conocen a Nieve.

Apenas pesaba 200 gramos y cabía en la palma de mi mano. La estuve alimentando con un cuentagotas y una especie de leche materna casera que inventamos para ella. Pasaban los meses, se hacía grande y cada día me iba enamorando más de ella.

Han pasado casi dos años y nos conocemos mucho la una a la otra.

Le gusta tumbarse entre el teclado y yo, usando mi brazo como almohada.
Le encanta perseguir el cursor de mi ratón por el monitor, igual que jugar a cazar a SuperMario en la pantalla de la tele cuando estoy jugando a la Wii.
Acude cuando la llamas por su nombre y entiende las regañinas, aunque no las obedece si la travesura le compensa.
Sabe que cuando cojo el bolso voy a salir de casa y me acompaña hasta la entrada para despedirse. Si me entretego más de lo que considera oportuno, salta al picaporte intentando abrir la puerta, recordándome que he de marcharme.
Cuando oye mis llaves en la cerradura, viene corriendo a recibirme con una ración gigante de mimos y besos. Olisquea cualquier bolsa u objeto nuevo que haya traído. No se separa de mi lado un solo segundo mientras estoy en casa. Sé que tiene miedo de estar sola y ella sabe que nunca la voy a abandonar. Cada vez que me marcho, me interroga con la mirada y suplica que no tarde mucho.
Gruñe cuando suena el timbre y ya estamos todos en casa, no vaya a ser que algún desconocido entre. A pesar de eso, es cariñosa y simpática con toda persona que se le acerque.
A veces, en un arrebato de travesura, escapa de casa y sube las escaleras del edificio sabiendo que voy a seguirla donde vaya. Cuando no la sigo, me espera y me observa desafiante, preparada para huir unos cuantos peldaños más arriba en cuanto me acerque. Le encanta jugar conmigo tanto como a mí jugar con ella.
Siempre que tiene oportunidad, aprovecha para pedir pollo o paté, aunque sólo puede comer su pienso porque lo demás le sienta mal y termina vomitando.
Duerme amasando la manta de lana que tejió mi abuela y por eso se la regalé hace ya tiempo.
Sus juguetes favoritos son las pelotitas con cascabel, cuanto más ruidosas mejor. Las persigue pasillo abajo, para cazarlas con la boca y traerlas a mis pies hasta que se las lance y vuelta a empezar.
Se tumba delante de la gente, con la panza boca arriba esperando que la acaricien. Sabe que nadie se resiste a su "monosidad".
Odia el día que toca ducha, pero aunque se queja y trata de dar penita no se resiste.
Puedes tirarle el bigote, aplasturrujarla en un abrazo, pegarle celo en las orejas o hacerla rabiar cuanto quieras, NUNCA te va a sacar las uñas y mucho menos morderte.
Ha aprendido a llamar a las puertas cuando quiere entrar en una habitación.
Cuando estamos en el baño, sube a la tapa del bidé hasta que le abra el grifo porque el agua está mucho más fresquita que la del bebedero.
Siempre duerme la siesta con mi madre, porque sabe que es la que manda en casa y le conviene tenerla de su parte.
Sabe hacernos chantaje emocional cada vez que quiere conseguir algo. Habla muchísimo, pero ninguno de los sonidos que emite dirías que es un maullido.

Estoy convencida de que ella no sabe que es un gato y por eso no actúa como tal.
Si no fuese hembra y de otra especie, le pediría matrimonio.

Ella es simplemente perfecta.

jueves, 5 de agosto de 2010

La vie en rose

Después de un mes y medio de "Rodríguez" en casa (ya que mis padres y mi hermana son de los que sostienen que en pleno mes de Agosto donde mejor se está es en la casa de la playa) hoy he decidido poner una lavadora. Sí, yo solita. Y no he llamado a mi madre para preguntarle cómo.

A pesar de que tengo un fondo de armario considerable, la ropa limpia se me acabó hace una semana. Como es lógico lo solventé yendo de rebajas con tal de postergar el momento Jabón de Marsella.

Hoy ya era inevitable. El cesto de la ropa me mira desafiante, escupiendo mangas y perneras que le chorrean por la comisura de su sucia boca. Decido acercarme a él con valentía y empiezo a hacerle regurgitar prendas. En algún lugar de mi mente recuerdo que no se deben mezclar colores fuertes con claros y clasifico la emesis en dos montones: los tonos pastel a un lado, los nocturnos al otro. Mierda, ¿esto es oscuro o claro?

La lavadora me observa con su cara de bostezo contínuo mientras la alimento de prendas negras, azul marino, marrón... arriesgo añadiendo rojo y gris. Meto en el tambor ropa interior cutre, por necesidad. Los encajes y culottes de guerra los dejo para cuando mi madre vuelva. Prefiero pasar vergüenza que perder la poca lencería decente que tengo.

Ahora jabón. El lavavajillas no se queja cuando lo pongo en marcha a pelo, pero probablemente los restos de comida resecos en la ropa no sean tan agradecidos de lavar como los de la porcelana. Miro en derredor: Jabón de Marsella, suavizante. Meto un cacito de cada uno en los correspondientes orificios de la máquina. Parece sencillo.

Cierro la puerta y me enfrento a los botoncitos y ruedas que deben poner en marcha el aparato. Hay 20 programas diferentes de lavado, pero mi santa madre ha hecho una marca con rotulador negro señalando el que debo usar. Benditos superpoderes. Estoy en racha.

Tengo constancia de que la lavadora tarda más de una hora en hacer la digestión. Son las 18:30. Me marcho a hacer unos recados y me pongo la alarma para recordar que si no saco la ropa a tiempo, quedará arrugada como un paquete de pasas y me tocara usar la plancha, ese gran desconocido. En Agosto y a 42ºC. Glurp.

Bajo al estanco, recargo el bonobús. Paso por el súper, compro mayonesa ya que en mi nevera tengo hecha ensaladilla rusa desde hace dos días y no puedo comérmela porque cuando ya estaba todo cocinado descubrí que no había mayonesa; minipunto para mi memoria. Me acerco a mi antiguo lugar de trabajo a recoger unas cosas. Llego a casa y me pongo a bloguear.

Noto que tengo hambre, miro el reloj. Son las 20:45. Bueno, no he merendado, pero para lo que falta mejor me espero a cenar...

¡Mierda, la lavadora!

Quito la ropa acartonada de las cuerdas de tender, la dejo sobre el sofá lo más extendida que puedo para que no se arrugue. Me dispongo a desentrañar el maléfico tambor, al menos huele bien.

Tiendo la ropa negra, azul marino y marrón.
Tiendo mis vaqueros rojos.
Tiendo mi sujetador rosa... espera, ¿desde cuándo tengo un sujetador rosa?

Malditos vaqueros rojos, ¿por qué destiñen ahora? ¡si los tengo más de un año, los he lavado trillones de veces!

En fin... ahora tengo una hermosa camiseta gris rosado, una camiseta azul marino con rayitas rosadas y una preciosa colección de cutrebragas rosas para alegrar esos días del mes.

No puedo esperar a que me venga el periodo para sentirme femenina. Qué entusiasmo.

Un vodka con naranja, por favor

Hace 6 meses mi vida se desmoronó por completo. Todo lo que creía verdadero, estable y eterno se desvaneció ante mis ojos de la noche a la mañana. Tenía un hermoso castillo en el que yo era la pricesa y mi príncipe pronto me haría reina, pero un mal día se llevó todas las ilusiones y borró mi reino del mapa. Simplemente se desvaneció, como si todo lo hubiera soñado.

...mentira.

Mi castillo era en verdad de una promoción VPO cutre con muchos errores de construcción, que se venía agrietando desde hace 3 años delante de mis narices. Yo me negaba a verlo y tapaba los "bujeros" de los muros con fotos de pareja, rellenaba las grietas con plastilina y tiraba p'alante con una sonrisa de quémaravillosaesmivida.

Como era de esperar, en los últimos 16 meses la obra se vino abajo por completo y el pasado Febrero ya no quedaban ni ruinas. Mi corazón habitaba un alegre descampado.

Ahora no tengo un castillo. Y no lo quiero (no hay príncipes en el horizonte y limpiar los torreones sola es un faenón). Habito una tienda de campaña la mar de acogedora, que me ha costado sudor y lágrimas levantar.

...también mentira.

Ni sudor, ni lágrimas. Lo que me ha costado es alcohol.

Al principio estaba tan destrozada por mi derrumbe que no veía más allá del polvo del escombro. A raíz de mi último cumpleaños decidí que necesitaba abandonar mi solar yermo si quería hacer algo con mi vida. Organicé una cena con mis hamijas y ellas me presentaron al responsable de mis lapsus de felicidad en mis periodos de desgracia: el Smirnoff con naranja.

Para ser exactos, reconstruirme ha costado la friolera de 50 borracheras, religiosamente contadas. Gracias a mi condición de parada, he podido embriagarme todos los fines de semana, puentes, jueves universitarios, miércoles Erasmus, festivos nacionales, fiestas regionales y días de guardar. Mi organismo metaboliza el alcohol que es un primor y nunca tengo resaca, así que todo me vale mientras quede noche por delante... y euros en la cartera.

Para que os hagáis una idea, yo necesito cuatro cubatas para salir del ostracismo y seis para ser mantener una conversación agradable con un desconocido. Con más de seis copas tengo una habilidad social que deja a Paris Hilton al nivel de las monjas de clausura, pero no es lo habitual.

Puede que suene miserable, pero la felicidad ociosa se paga muy cara. Al menos en mi caso.
Pongamos que cada borrachera ha requerido cinco copas, a una media de siete euros cada una.

5o borracheras x 5 copas x 7 euros = 1750 eurazos

1750 euros / 9 meses de comportamiento irresponsablemente etílico = 194 euros al mes

Y sin ingresos.

Luego la sociedad se cuestiona por qué los jóvenes hacemos botellón. Pues porque somos unos desgraciados y la felicidad en los locales nocturnos es más cara que en el maletero de mi coche.

El amor tal vez no tiene precio, pero el desamor a mí me sale muy caro.

martes, 27 de julio de 2010

Analfabetismo funcional

Año 2010, España. Tasa de alfabetización superior al 95% en población adulta.


Y las personas no saben escribir.
Además no saben expresarse.
No saben decir aquéllo que quieren decir.
Sólo consiguen algo similar a comunicarse, intercambiando información anárquicamente.


No pretendo ser cruel, elitista o exagerada. Es más, me considero bastante permisiva con mis interlocutores, sobretodo si la comunicación es vía mensaje de texto o mensajería instantánea.

Puedo comprender que no se utilicen tildes. Es pasable que haya confusiones entre el uso de B y V, amparándose en la proximidad física entre ambas en el teclado. No quiero pensar que es por ignorancia.

Entiendo que por economía digital se utilice "q" en lugar de "que".
Pero ¿"k"? ¿Qué sentido tiene? ¿Es porque mola más? ¿Es porque abunda poco en la lengua castellana y no quieren desgastar la tecla Q?
Si ni siquiera fonéticamente sería igual.
"Porq" = porque. "Pork" = porca. Y el súmmum "xk".
No voy a llegar al extremo de meterme con los que desconocen la diferencia de uso entre porque, por qué y porqué. Eso sí que sería cruel.

Pero hay un nivel mínimo y bajar de ahí es algo que no estoy dispuesta a tolerar. Simplemente hay cosas que a una le duelen en los ojos o le hacen estallar los tímpanos de tanto que rebotan en el interior de la cabeza.

Si no distingues entre "a ver" y "haber" mereces morir.

Si además, utilizas indistintamente "ahí", "hay" y "ay", la muerte debería ser agónica.

Si, no contento con eso, usas "tupper" en lugar de fiambrera y llamas "muffin" a las magdalenas... algún dios de la Real Academia debería concederte la inmortalidad para que todas las mañanas las águilas te arrancasen las tripas.

Si para más INRI en tus conversaciones de mensajería instantánea cada palabra es un icono y tus frases acaban siendo auténticos jeroglíficos, no se me ocurre castigo suficientemente cruel para paliar el daño ocasionado en mis retinas.

No voy a aleccionar a nadie sobre el uso de los signos de puntuación, porque yo soy la primera pecadora consciente de que abuso de ellos. Pero por favor, usad alguno. Lo justito para decir lo que realmente quieres decir y no lo contrario, que luego los malentendidos son mayúsculos.
Todos conocemos el típico ejemplo:
- "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda".
-"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría a cuatro patas en su búsqueda".


Por suerte, messenger tiene una hermosa tecla de "no admitir" para detener las torturas psicológicas a tiempo. La persona adulta que utilizaba todas las palabras en diminutivo y sustituía todas las S por Z, ha sido borrada de mi cuenta de messenger por el bien de mi salud mental.
"Yo no podía zeguir hablando azí todo el tiempito, me hacía pupita en loz ojitoz!!!!"

Pero por desgracia la cosa no acaba aquí. No contentos con hacer arder mis ojos con semejante lección de ortografía y semántica, las agresiones a nivel verbal oral continúan. Y en la vida real no existe el botón de "no admisión".

Podía comprender a la profesora de maternoinfantil que pronunciaba "seso" en lugar de "sexo". Lo mismo que a Torres cuando dice "Pesi". De algo tienen que vivir los logopedas, que son colegas.

Pero si vuelvo a oír a mi profesor de máster, un doctorado universitario, diciendo "contra más azúcar, más dulce" juro que me levanto de la silla y me marcho.

No estudio un postgrado para que me torturen de semejante modo.

Si es que contra más listos se creen, más cazurros demuestran ser.


Me ha dolido hasta teclearlo.

http://www.blogolengua.com/2009/08/faltas-de-ortografia-en-espanol.html
http://www.blogolengua.com/2010/04/haber-ver.html

sábado, 24 de julio de 2010

Píldoras de romanticismo

Odio el romanticismo. Me parece tremendamente empalagoso y artificial. Cuando leí "Crepúsculo" yo era partidaria de que Jacob se quedase con Bella, con tal de no leer más frases de Edward Cullen. No me extraña que sea vampiro, porque no tiene sangre.

Cuando una es la protagonista se ve desde otro ángulo, es bonito. Pero si eres una detractora de lo cursi como yo, no sabes qué responder. Entonces sueltas cualquier pedo mental y te conviertes en una spoiler de los momentos bonitos.

- Me encantan tus ojos.
- ¿Por qué?
- Porque tu mirada es única.
- ¿Única?
- Sí. Tus ojos son profundos y misteriosos, pero tu mirada es alegre. Es una combinación extraña. Y peligrosa.
- ¿Peligrosa por qué?
- Porque podrías mentirme sin palabras y te creería.
- También puedo mentirte con palabras y te aseguro que cuando lo hago me crees.

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- Quédate conmigo.
- ¿Vas a soportarme más de un mes?
- ¿Tú quieres que lo haga?
- No estaría mal. Yo me quedo mientras tú quieras.
- Entonces hasta siempre. ¿Vendrás conmigo?
- ¿A dónde?
- Al fin del mundo.
- Finisterre está en Galicia, cuando quieras vamos.

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- Vamos a la cama.
- No.
- ¿No te gusto?
- No. Me encantas.
- ¿Entonces...?
- Que tú quieres follar.
- ¿Y tú no? porque ese bulto en tus pantalones me da la razón...
- Yo quiero hacerte el amor.
- Hace 20 días que me conoces, tú no sabes hacerme eso.

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- Eres un sol.
- ¿Porque te caliento?
- No, porque sin tí no podría vivir.
- Entonces sobrevivir 24 años debe haber sido una odisea.


Lo siento por las devotas de las comedias románticas.
Me encanta, pero yo no me lo trago.
También lo siento por los devotos de otros géneros cinematográficos.

lunes, 19 de julio de 2010

Me siento culpable de sentirme culpable

Hasta el momento, he tenido contacto sexual con 12 hombres en toda mi vida. Teniendo en cuenta que durante 15 años fui virgen y después pasé otros 7 en dos relaciones de pareja, la decena de amantes que queda se me apelotona a razón de uno al mes. Y generalmente, llegan con la intención de quedarse. Por suerte para mi hedonitis crónica algunos son geográficamente inaccesibles y la mayoría pésimos amantes. No se me amontonan.

Soy una persona sexualmente liberada y de mente muy abierta, pero de conciencia condicionada a la monogamia por dos motivos: experiencia laboral y presión social. Si os preguntáis por qué mi trabajo condiciona mi vida sexual, seguro que a vosotros trabajar en una planta de Urología una temporada también os haría pensar muy mucho sobre la probabilidad estadísticamente aterradora de que algún desgraciado te contagie cualquier mierda. Aún usando preservativo. La vida real no es "Anatomía de Grey".

Respecto a la presión social, las mujeres somos así de estúpidas. Nos dijeron que debe haber algo más allá del furor uterino para entregarnos -entregarnos, ¡qué bonito! te ofrezco mi entrepierna envuelta en papel de regalo- y nosotras fingimos que nos lo creemos porque existe ese hombre ideal que merece tu reserva. Entonces llega el día en que descubres que no existe el príncipe azul y tú necesitas follar igualmente. Eso pesa en tu absurda conciencia y te hace sentir mal, sucia, rara, incomprendida y sola.

Por si toda esa maraña de sentimientos no fuese suficiente, ahora está de moda el libertinaje. Como buena moda, hay que seguirla para estar al día y encima nos tiene que gustar. Así que como soy una mujer moderna, me subo al carro de follarme a todo lo que se mueve y ¡oh, sorpresa! al mogollón de sensaciones se unen dos perlas más: te sientes utilizada y culpable. Y si te pareces un poco a mí, te sientes culpable de sentirte culpable por hacer lo que te apetece.

No sé qué pasará por las cabezas de las demás féminas, pero yo dedico bastante tiempo a buscar una explicación racional sobre qué es lo que me hace sentir pesar cuando el subidón del orgasmo desaparece y veo quién está en mi cama, porque no sucede siempre.

Hace poco pensé que muerto el perro, se acabó la rabia e intenté eliminar ese "quién" sustituyéndolo por "algo" pero han sido los 62 € peor invertidos de mi vida. Hombres del mundo, no temáis a la tecnología sexual. Por muy mal amante que seas, un ser humano es muchísimo mejor que el aparato más sofisticado que inventen los de Fun factory. Curioso que la empresa sea ale-manita, ¿no?

Volviendo a mi sentimiento de culpa, sé que tiene poco o nada que ver con el vínculo sentimental que me una al afectado. En ocasiones he llegado a sentirme tan cosificada por mis novios como por los desconocidos de un sólo polvo. Del mismo modo he estado igual de felizmente pletórica después de una noche haciendo el amor, que después de una buena follada en una noche etílica.

Una vez una bellísima persona me dijo que cuando tenga dudas sobre mis actos, piense cómo me harán sentir las consecuencias a los tres días. Lo que pasa es que yo soy incapaz de predecirme a mí misma y acabo haciendo lo que me apetece en ese instante, que dada mi pasmosa capacidad para la autoflagelación obviamente no siempre es lo mejor para mi salud mental.

En el fondo, creo que lo que me hace sentir mal es que me mientan. No soporto las mentiras. Para mí es absolutamente desquiciante que un tío que sólo quiere llevarme a la cama trate de camelarme diciendo que soy la mujer de su vida. Y se ve que esto es la norma hoy en día. Por si eso no fuera suficiente, cuando te quitas de encima (o de abajo) al lobo disfrazado de cordero te suelta eso de que al menos siempre quedará la amistad. Pero vamos a ver ¿qué amistad? ¿tú eres gilipollas?

También estoy convencida de que los hombres van de románticos porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia la entrepierna de las mujeres. Mujeres que se hacen las estrechas porque es lo que se supone que debe abrirles el paso hacia los hombres adecuados. Hombres que se suponen adecuados pero no lo son. Y en este adorable círculo vicioso de suposiciones hay mucho corazón desvencijado y mucha ilusión perdida.


Respecto a mí, trece es un número precioso y me encantaría que el afortunado decimotercero me diese motivos suficientes para que no haya necesidad de un decimocuarto. Aunque pensé lo mismo del primero, del segundo y del tercero...

Llamadme ilusa.

domingo, 18 de julio de 2010

Tipos de pareja

En uno de mis ratos ociosos en los que mi avidez intelectual se nutre de Google y Wikipedia, he encontrado un artículo de una psicóloga chilena que define cuatro tipos de pareja según sus roles:

- LA ESPOSA ENAMORADA Y EL MARIDO FRÍO
- EL MARIDO BONACHÓN Y LA ESPOSA INFANTIL
- LOS “NI CONTIGO NI SIN TI”
- LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO

Esta última etiqueta me ha llamado la atención, porque mi propia madre me ha repetido hasta la saciedad que parezco la madre de mis novios. Ella lo dice porque me gustan los hombres delgados y yo soy más bien hermosa, pero obviando la apariencia física, sé que soy una acaparadora con mis parejas y eso encaja perfectamente en el rol de madre. He aquí el análisis.

"LA ESPOSA MATERNAL Y EL MARIDO DESAMPARADO (EL CUIDADOR Y EL ENFERMO)
Cuando se elige este tipo de pareja, el marido busca a alguien que lo cuide y lo regalonee como una madre y ella busca a alguien de quien preocuparse, cuidar y salvar. Ambos están de acuerdo en que ella será la madre y él se comportará como hijo. Él aparece como un hombre
cariñoso, más bien dependiente y poco competitivo y ella aparece como humilde, sin exigencias y con gran capacidad de sacrificio. Las mujeres suelen pertenecer a las profesiones “auxiliadoras” como las asistentes sociales, las enfermeras y los profesionales de la salud o “mujeres adictas a la relación” (Norwood, 1987).
Al comienzo, él desea ser acogido, protegido y cuidado por su esposa y ella está motivada a entregarle todo el cuidado que necesite, además de sentirse muy bien por hacerlo. Ella no desea nada y sólo espera ser compensada con el agradecimiento de su marido. Más profundamente, se trata de personas que se consideran poco queridas; él está tan necesitado de consideración y cuidado que se niega a ayudar y proteger a su pareja y ella compensa sus
temores de no ser querida y de ser abandonada emparejándose con un hombre que dependa de sus cuidados.
El conflicto sobreviene cuando él se niega a entregar reconocimiento por los servicios prestados por ella; cuando él aumenta las exigencias y/o cuando ella comienza a sentirse sobrecargada, agotada y comienza a desear o envidiar la situación que él vive. Ella sentirá envidia y celos por la dedicación y el cuidado que él recibe por parte de ella, y él se llena de sentimientos de culpabilidad y de rabia pasiva.
A mayor queja de ella mayor pasividad de él.
Este tipo de dinámica se da en las parejas en que hay un miembro adicto, en la cual ella asume el control de la familia, lo protege y siente que si lo deja él muere. La adicción del cónyuge le sirve para validarse en su indispensabilidad. Este tipo de pareja suele consultar cuando ella se ha aburrido o deprimido o cuando él se siente desautorizado o maltratado por ella. También consultan por infidelidad de él, lo que provoca fuertes sentimientos de traición en la mujer. Algunas veces cuando él alcanza autonomía económica busca otra mujer que esté libre para cuidar de él. Cuando la consulta es por dificultades sexuales, es por frigidez de ella o por inhibición sexual o eyaculación precoz de él. El conflicto suele aparecer después del nacimiento del primer hijo o cuando los hijos son adolescentes.

En relación a los objetivos terapéuticos es importante que ella se dé cuenta que la dependencia hacia él no es distinta, en lo absoluto, de la que él tiene con ella. Es necesario que él aprenda a desempeñar funciones de cuidador hacia ella y ella aprenda a sentirse vulnerable y pueda ser capaz de necesitar y recibir ayuda. Suele ser importante, a través de distintas técnicas, bloquear las conductas de control y protección de ella hacia él y ayudarlo a él a hacerse cargo de las responsabilidades que corresponden al desempeño de su rol."

Me pregunto cuáles serán esas técnicas. Tendré que replantearme lo de visitar a un loquero. Aunque conociéndome es más probable que estudie la Licenciatura en psicología para resolverme a mí misma. Ir a un psicólogo sería como pedir ayuda. Y eso me convierte en vulnerable.

http://www.terapiafamiliar.cl/web/UserFiles/File/Tipos_de_pareja_y_objetivos.pdf